Felipe, ¿por qué no te callas?
Hay gente que envejece muy mal. Felipe González es un caso harto evidente, y no tanto por su apariencia física (le llaman Copito de Nieve comparándolo con el famoso gorila albino del zoo de Barcelona) sino por sus exabruptos extemporáneos.
Curiosamente este comportamiento altisonante no era una de sus características cuando gobernaba sino la de su vicepresidente, vicesecretario general en el partido y paisano Alfonso Guerra, el que comparó a Adolfo Suárez con un tahúr del Mississippi. También dijo que Soledad Becerril, la primera mujer en el gobierno de Adolfo Suárez, era como Carlos II vestido de Mariquita Pérez. Cuando ambos gobernaron fueron asateados y vapuleados por la derecha de entonces. Ahora la derecha 2.0 del siglo XXI los aplaude hasta con las orejas. No me extrañaría que dentro de unos años esa misma derecha aplauda a rabiar a Zapatero y Sánchez. Ya sabemos lo voluble y veleidosa que es. Cosas veredes, amigo Sancho.
Estos días, tras el resultado de las elecciones en Aragón, González se desarretó en el Ateneo de Madrid con unas frases alucinantes y categóricas en contra de su partido y de su líder. Cuando él lo era durante el siglo pasado no dejaba que nadie le tosiera.
El presidente del Gobierno más longevo a sus casi ochenta y cuatro años se mantiene aparentemente en forma aunque evidentemente le sobran unos cuantos kilos, pero el principal problema que tiene no es físico sino mental.
El que fue casi todo en el PSOE español, el que lo cambió de arriba abajo y lo despojó del marxismo, se ha convertido exactamente en el jarrón chino que él mismo reconoció en su día que se había transformado: tiene mucho valor pero no sirve para nada y estorba en los apartamentos pequeños. Nadie quiere tirarlo a la basura a pesar de que es inservible.
Si él mismo sabe que los expresidentes son un estorbo permanente, no sé por qué ahora se ha vuelto más locuaz que Alfonso Guerra, otro que ha envejecido mal en su lado metafísico. No sé a qué viene que un ex presidente regañe al actual porque este haga una política distinta a la que él hizo. Cada maestrillo tiene su librillo y con los presidentes de gobierno ocurre lo mismo. Se puede discrepar sin descalificar groseramente.
Es patético que el único presidente del Gobierno que ha estado en el poder cuatro legislaturas consecutivas se dedique ahora en la vejez a menospreciar a la persona que ahora ocupa el mismo lugar que él ocupó en la década de los 80 y 90 del siglo pasado. Consciente de que es un jarrón chino de la dinastía Ming, pero al que le puede más su egocentrismo y megalomanía que el servicio discreto a su partido de toda la vida.
Nadie le pide a Felipe González que se identifique totalmente con el ideario y la gestión del presidente de su partido porque esto no es Corea del Norte ni la Norteamérica de Donald Trump. Lo que sí se le puede y debe pedir a un ex presidente y ex secretario general de un partido es que deje trabajar a sus sucesores porque él no es Don Perfecto para reprender a quien hoy gobierna España.
Es asombroso que el que era conocido como Dios en su partido llame ahora despectivamente puto amo a Pedro Sánchez. Sánchez no es Mourinho ni siquiera Guardiola. Lo de él no es el fútbol sino el baloncesto. Lo de González es echar balones fuera.
Incluso otros correligionarios coetáneos de González han tenido que salir a la palestra para decirle a Felipe: ¿por qué no te callas? Y se lo dicen otros socialistas octogenarios como Rafael Escuredo, el que fuera primer presidente de la Junta de Andalucía. Y no solo él.
Felipe, después de una gran temporada errática, vuelve a salir a la palestra para decir públicamente que votará en blanco en las próximas elecciones tras criticar impíamente a Pedro Sánchez.
A la gente le importa un carajo lo que vote o deje de votar Felipe González pero lo que no le perdonan sus compañeros de viaje es que reme a favor del enemigo por puro afán exhibicionista y ombliguista. Cuando personajes tan siniestros y patéticos como Ayuso ponen las palabras de González como ejemplo a seguir en política es cuando uno se ratifica en el gran error del ex presidente.
Quizá envidia a Pedro Sánchez porque este, con menos historial político, ha conseguido ser presidente de la Internacional Socialista por aclamación, y él, a pesar de los años que estuvo al frente del Gobierno, no lo logró nunca. Sánchez es el primer español en ocupar la presidencia de esta organización internacional que tiene setenta y cinco años y que representa a los partidos socialistas, socialdemócratas, liberales progresistas y laboristas de 132 países del mundo.
Felipe González sólo pudo ser vicepresidente de la Internacional Socialista a finales del siglo pasado. A veces las cuestiones personales explican muchas derivas políticas aparentemente incomprensibles.
Felipe, ¿por qué no te callas?
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