Coger un taxi en Maspalomas ya no es simplemente subirse y llegar a destino, es un deporte de riesgo con efectos secundarios de adrenalina, sudor frío y, en algunos casos, gritos de “¡SOCORRO!”. Los vecinos cuentan que la prudencia se quedó en la puerta del vehículo hace tiempo, y que cada viaje parece sacado de un videojuego de carreras alocadas.
Una usuaria pidió un taxi para un trayecto rutinario y, tras introducirse en el vehículo, descubrió un mundo alternativo de emociones extremas. El conductor, más preocupado por la música y su vapeador que por el tránsito, arrancó a toda velocidad y se lanzó a un festival de frenazos continuos como si estuviera en un rally urbano. La música estaba a volumen estratosférico, con letras dudosas que podrían herir la sensibilidad, y el humo del vaper circulaba por todo el coche como un efecto especial de película de acción. Al parecer, esta combinación de música a tope y vapeo se ha puesto de moda entre algunos taxistas como “estilo oficial del taxi Maspalomas”.
Y mientras los pasajeros sobreviven, los vecinos señalan con ironía que los dueños de licencias parecen tener un criterio revolucionario para contratar, si tienes carnet de conducir, estás dentro. La educación, el respeto a las normas y el sentido común parecen opciones adicionales, no requisitos, y por más reclamaciones que se presentan, nada cambia. La situación ha ido a peor, y quienes cumplen con responsabilidad se han convertido en una minoría cada vez más rara, casi como especies en peligro de extinción.

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