El británico estaría abandonando España y, por extensión, Canarias. Un mensaje rotundo, llamativo y fácil de consumir, pero débil cuando se contrasta con lo que realmente se está manejando en el sector turístico.
En la feria FITUR, uno de los principales puntos de encuentro del turismo internacional, el discurso fue muy distinto. Profesionales con datos operativos y conocimiento directo del mercado señalaron que el turista británico no solo se mantiene, sino que se ha convertido en el principal sostén del destino, compensando la desaceleración de mercados tradicionales como el alemán o el nórdico.
La explicación es clara. Mientras la economía alemana atraviesa dificultades estructurales que afectan al consumo y al empleo, el mercado británico está respondiendo mejor de lo previsto, especialmente en destinos consolidados como Gran Canaria. Lejos de una retirada, se habla de fortaleza y estabilidad en los niveles de llegada y actividad.
Esto no significa negar ajustes ni correcciones tras varios años de crecimiento excepcional. El propio sector asume una fase de meseta, incluso con ligeras correcciones, pero desde máximos históricos, no desde un escenario de caída o fuga.
El problema no es la desaceleración, que es natural, sino el desfase entre titulares y realidad. Confundir exploración de destinos alternativos con abandono del principal mercado emisor no solo es impreciso, también genera una alarma innecesaria en un territorio donde el turismo británico sigue siendo columna vertebral económica.
Canarias no vive una huida del turista británico. Vive, como mucho, un momento de ajuste tras años extraordinarios. Y conviene decirlo con datos, no con ruido.

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