La crisis interna que vive la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo (FEHT) no es un asunto menor ni una disputa corporativa más. Es la consecuencia directa de haber negado durante años uno de los debates más sensibles del turismo canario que es la residencialización de las zonas turísticas consolidadas y el agotamiento del modelo rígido de unidad de explotación.
La dimisión del presidente y de la vicepresidenta de la Asociación de Empresarios de Alojamientos Turísticos de Las Palmas, integrada en la FEHT, es un síntoma inequívoco. No se va quien pierde una votación puntual. Se va quien se niega a defender una posición en la que no cree y que, además, choca con la realidad jurídica, económica y social que ya está encima de la mesa.
El conflicto no es ideológico. Es estructural. Dentro de la federación se ha impuesto una corriente inmovilista que apuesta por no tocar nada, aunque el modelo actual esté cuestionado en Europa, recurrido ante el Tribunal Supremo y crecientemente rechazado por miles de propietarios. Mantener la unidad de explotación a cualquier precio puede resultar cómodo hoy, pero es una huida hacia adelante.
La residencialización no es una anomalía ni una amenaza en sí misma. Es un fenómeno presente en todos los destinos turísticos maduros: Canarias, Baleares o el Mediterráneo. En el sur de Gran Canaria se da desde hace años y seguirá dándose. Negarlo no la frena; solo la desordena. Bien gestionada, puede revitalizar zonas envejecidas, atraer población estable, mejorar el comercio local y reducir la estacionalidad. Mal gestionada, genera conflicto y caos jurídico.
El problema es que la FEHT no ha querido liderar ese debate. Ha preferido atrincherarse en un modelo agotado, mientras pierde apoyos internos, socios reales y credibilidad. Una patronal que depende más de subvenciones públicas que de la confianza de los empresarios difícilmente puede ejercer como interlocutor sólido y legítimo del sector.
Lo que está en juego no es una presidencia ni un cargo. Es quién marca el rumbo del turismo canario y con qué legitimidad. Persistir en negar lo inevitable solo debilita al sector y agrava el conflicto.
El debate ya ha estallado. La pregunta es si la FEHT quiere formar parte de la solución o seguir siendo parte del problema.

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