Recuperar el derecho a vivir en casa: el fin de 30 años de silencio
Por Alejandro Marichal, un vecino orgulloso más.
Pasear estos días por Maspalomas y ver, después de tanto tiempo, el movimiento de las grúas reformando viviendas y levantando nuevos hogares es la constatación de que algo que llevaba demasiado tiempo bloqueado por fin se ha puesto en marcha. Porque, si echamos la vista atrás, da vértigo pensar que han pasado más de 30 años de silencio absoluto. Treinta años en los que el tiempo parecía haberse detenido para nuestras familias, mientras la necesidad de un techo digno crecía día tras día.
Como vecino que ama esta tierra, tengo que decirlo: se nota que algo ha cambiado. Y no porque los problemas hayan desaparecido, sino porque por primera vez en décadas la vivienda se ha colocado en el centro de la agenda municipal. Todos sabemos que poner en marcha la maquinaria tras treinta años de parálisis no es sencillo. Hace falta coraje, muchas horas de trabajo discreto y, sobre todo, una sensibilidad real hacia lo que están viviendo nuestros vecinos.
Estamos viendo un esfuerzo sostenido y planificado para cerrar una herida histórica. No se trata solo de poner ladrillos; se trata de justicia social. Se trata de luchar contra reloj para que esa generación de jóvenes que estaba haciendo las maletas pueda deshacer su equipaje y quedarse aquí, con los suyos. Se trata de que las familias trabajadoras, las que sostienen este municipio cada mañana, no se sientan expulsadas del lugar al que pertenecen.
Ver cómo se rehabilitan viviendas que llevaban años olvidadas y cómo se impulsan nuevos proyectos habitacionales es la prueba de que San Bartolomé de Tirajana está despertando. Es la demostración de que cuando se trabaja con compromiso y responsabilidad, y cuando se decide cuidar al vecino, lo que parecía imposible empieza a ser una realidad.
Queda mucho por hacer, nadie lo niega. Pero hoy podemos mirar a nuestros hijos y decirles que su pueblo está luchando por ellos. Que San Bartolomé de Tirajana está recuperando algo esencial: el derecho a vivir, a quedarse y a echar raíces en casa. Defender el derecho a la vivienda no es un eslogan; es decidir qué municipio queremos ser y a quién ponemos en el centro.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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