Con imperdonable desdén,
desde el gobierno central
imponen su ley y el orden
en el Castillo del Romeral,
quedando su gente al margen,
que no acepta este penal.
¡Qué prisa en el virreinato
y en todo el poder colonial
implantando por la fuerza
algo que huele muy mal!
¿A qué viene esa premura,
sin al pueblo consultar?
¿Por qué esa parafernalia
y todo ese afán de asustar?
La fuerza es una sinrazón:
Lo más humano es razonar,
Diluir la incómoda tensión
Y un buen acuerdo alcanzar.
Si estamos en democracia,
No actúen como dictadores
Que existen reglas de juego
Y, tal vez, opciones mejores.
José M. Balbuena








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