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Requiescat in pace

Viernes, 15 de Agosto de 2008
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Esta mañana en el buffet del hotel, mientras cogía unos suculentos rojos y aromáticos trozitos de sandía descubrí que efectivamente estábamos en verano. Antes que nada probé un trozo por si no era la típica sabrosa y dulce sandía de temporada, y al notar lo gustosa que estaba por momentos me vinieron algunos recuerdos de los veranos. Cuando niño me acercaba a la mesa y mi madre me cortaba una rodaja gigante que engullía con placer, como si fueran a quitármela. Y fue entonces cuando asocié que realmente estamos en el ecuador de un verano, cuando menos caluroso. Y este despiste puede quizás  parecer frívolo, e increible, pero es a todas luces señal inequivoca del ritmo que la mayoría llevamos, donde a lo largo del día pocos espacios quedan para el ocio, o el mero descanso. No obstante y  por desgracia, hasta éste férreo, casi inevitable "modos vivandi" pueda sorprendernos y obligarnos hacer un alto en el  espinoso camino, frenético y material que recorremos sin comtemplar alternativa alguna. Y no puede ser menos cuando nos llega la noticia del fallecimiento de una de las personas claves, emblemáticas, solidarias, cariñosas, y sorprendentes que ha conocido el barrio de San Fernando. A mi juicio un excelente Pediatra, responsable, honesto, seguro y capaz de mitigar con excelente pulcritud, la molesta sensación de incertidumbre, que muchos padres como yo sentíamos cuando acudíamos a su consulta, a causa de alguna dolencia de nuestro hijo. Nada mas verlo una vez dentro de la sala, su forma de bromear con el niño, ver como le exploraba, y su infinita humanidad, rebajaba mi tensión y preocupación casi exponencialmente. A veces llegué a pensar en la magía de sus manos, como encantadas_ , y como digo saliendo, y una vez en la calle recuperaba la respiración. Se puede hacer arte en papel, sobre lienzo, con pluma con pincel, se puede hacer arte con mimo, dedicación, en la tarea cotidiana, incluso en los ratos libres, junto al mar, en un banco o sobre la arena, en la relación familiar, en la social y en la profesional, pero el verdadero arte además de todo esto, lo conforma una amalgama de virtudes, capaces de desbordar cualquier expectativa, dotes humanas, sin tapujos, llanas y elocuentes, incluso por encima del ritmo frenético que  comentaba, adaptándose al paciente y al acompañante con una extraordinaria solidaridad y cariño, y en esto Don Francisco Pérez Acosta era único. QUE DIOS LE BENDIGA Miguel Escudero Maspalomas
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