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Presupuestos, subvenciones y liberados

Miércoles, 30 de Julio de 2008
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En estos días previos a las vacaciones, para los que puedan gozarlas, los políticos ya han comenzado a lanzar globos sonda sobre los próximos presupuestos públicos que han de aprobar en el último trimestre del año, o tal vez prorrogar los anteriores si el ambiente de dimes y diretes no se atempera gracias a la aportación al debate introducida por el Estatuto Catalán y sus pretensiones presupuestarias, tan solidarias y progresistas ellas. Por una vez –y sin que sirva de precedente– es de suponer que para los militantes del partido político del cambio climático, ese lucrativo fenómeno no será el responsable del incremento de unos grados Fahrenheit en el clima político.  No se usan los centígrados en honor y loa de Al Gore. En esta época de crisis y paro creciente, con perdón de los que hablan de ligera desaceleración y de incremento en los beneficiarios del estado de bienestar, es cuando las familias empiezan a apretarse el cinturón.  Y supongo que viéndolas venir y notando la disminución de los ingresos públicos en ayuntamientos, cabildos y comunidades autónomas, cada uno de ellos mira hacia el escalón superior pidiéndole agüita por señas para mantener su mismo estado de gastos, obviando que los ingresos han caído en picado.  El ahorro, como los accidentes de tráfico o el cáncer, son para los demás. Esa parece ser su filosofía, ya que parece que ni se les pasa por la imaginación ser más parcos en sus gastos y sus fastos, incluidos sueldos y tarjetas VISA de políticos a cargo suyo y mío.  Lo inaudito de la cuestión es que aceptan su propia caída de ingresos, pero parecen creer que no será así para el gobierno central, Madrid para los nacionalistas, al que exigen todos más y más dinero.  Toda una muestra de coherencia y de saber echar balones fuera.  Si pintan bastos, la culpa es de Zapatero que no manda dinerito. Antes de proseguir, una cuestión intermedia.  En el periódico Canarias7 del martes 29 de junio, página 22, se insertaba una curiosa noticia: “Aeromédica reclama a sus trabajadores 180.000 euros” como compensación por la huelga ilegal en la residencia de ancianos de Tinajo.  Hay que esperar a que el Juzgado de lo Social número 1 de Arrecife dicte sentencia para analizar el resultado. No es que tenga mucha fe en los tribunales, lugares donde dicen quienes los frecuentan que hay burros volando y que las sentencias son “fortuítas y aleatorias”, pero de salir favorable a las tesis de la empresa, muchos creeríamos que se habría puesto una pica en Flandes en relación con la responsabilidad de los sindicatos, CC OO en este caso, de tomar sin compasión a los ciudadanos como rehenes y víctimas de sus reivindicaciones laborales y que esas acciones les salgan gratis, civil y penalmente hablando. Enlazando de nuevo con las cuestiones presupuestarias, vemos cómo todos los sectores subvencionados y por subvencionar piden a los gobiernos más cercanos y propicios, algunos más osados exigen, fondos públicos para mantener sus actividades, dicen que en pro del bien y bienestar común, posiblemente el de ellos no el de todos.  Las patronales reclaman ayudas para el funcionamiento, gasoil, transporte, incentivos regionales, etc. Incluso una de las patronales nacionales inmobiliarias ha conseguido, a mi juicio con gran desfachatez, que les compren sus solares –Dios sabrá a que precio y con qué comisiones de intermediación– para salvarlas de la suspensión de pagos, la quiebra y quien sabe si la cárcel para algunos tras las investigaciones que se pudieran abrir.  Pero parece ser que eso sólo para las cercanas al poder. En cuanto a los sindicatos atañe, nunca he visto publicado y reconozco que con mucho morbo me gustaría verlo, cuantas personas hay liberadas sindicales en las empresas públicas, las que tienen reducción de jornada por ese mismo motivo y cuantas otras, que al amparo de ese presunto “poder”, paraliza a sus jefes políticos para hacerlas trabajar, cobran y no dan ni clavo en sus respectivas empresas. El cuadro podría y debería completarse con todo tipo de organismos públicos.  En otras palabras, saber con pelos y señales con cuanto dinero se subvenciona a los sindicatos por ejercer su labor, importante y fundamental sin la menor duda, pero que, a mi entender, debería salir del bolsillo de sus afiliados y no del de todos nosotros, vía impuestos, o del de las empresas, cuyo montante han de repercutir en el precio de los productos, como no podría ser de otra forma. Mutandis mutandi, cambiando lo que hay que cambiar, el argumento también es válido para la eliminación de lo que algunos no dudan en calificar de “impuesto robolucionario”, cual es el pago y afiliación obligatoria de las empresas a las Cámaras de Comercio, residuo del franquismo que nadie parece osar remover y auditar en profundidad, como están haciendo los funcionarios de justicia en su ámbito. Creo que dentro de la reforma laboral pendiente, tan pendiente como la revolución falangista o comunista, y del tan traído y llevado incremento de la productividad, el insólito sistema de que los vigilados y controlados sean los que paguen a sus vigilantes y controladores resulta anacrónico y más propio de los sindicatos verticales que de unos modernos e independientes.  Ya se sabe que quien paga manda, y manda mucho más si además genera empleo liberado, de trabajar, supongo que eufemísticamente quieren decir.
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