La fidelidad de Erika Peppel es incorruptible. Lleva 20 años viajando desde Florida para pasar sus vacaciones en Gran Canaria. Vive en Cabo Coral, rodeada de canales y barcos de lujo.
Hay turistas que profesan una fidelidad a Gran Canaria insólita. Puede que hasta misteriosa si se indaga en los entresijos de estas historias trufadas de romanticismo. Y si no, que se lo pregunten a Erika Peppel, una alemana que en los últimos 20 años siempre se ha desplazado desde Florida para pasar sus vacaciones en el sur de la isla de Gran Canaria, informa un reportaje del periódico La Provincia.
La peripecia de Peppel esconde un mérito doble, pues vive en una localidad con vistas al Golfo de México, cuyas entrañas están repletas de canales que son frecuentados por barcos lujosos con embarcadero propio. De ahí la pregunta del millón: ¿por qué una señora de 70 años cambia Florida por Canarias al menos un par de veces al año?
La respuesta no es sencilla. Esta modélica turista explica a cuentagotas los motivos de su complicidad con el sur de Gran Canaria. Esa cautela está relacionada con la muerte reciente de su marido, un alemán que hizo fortuna tocando el piano en las bases militares norteamericanas y que la ha acompañado en todos los viajes a la Isla.
En esta ocasión es la primera vez que Erika se hospeda sola en el Gloria Palace de San Agustín, que es el hotel elegido por el matrimonio para disfrutar de dos décadas de vacaciones. Justo el tiempo que el establecimiento lleva abierto al público. "Aquí me siento como en casa, porque me miman mucho y recibo un trato muy personal", confiesa la turista para explicar la razón por la que siempre se ha alojado en el mismo sitio.
Además, Erika Peppel sólo tiene palabras de elogio para la Isla, tanto por el clima como por las cualidades turísticas. Incluso destaca las mejoras en las conexiones por carretera y la construcción de nuevos complejos, aunque ella se mantiene fiel a la "atención familiar" que le dispensan los empleados de su hotel predilecto. A una recepcionista le ha traído vitaminas, mientras que al director, Ramón Suárez, le espetó nada más verlo un cálido "usted sigue igual en los 20 años que llevo viniendo".
La decisión de establecerse en Cabo Coral fue de su esposo. Ahora se plantea vender la vivienda para volver a Alemania.
En esa ciudad de Florida vive una colonia importante de alemanes adinerados que han comprado segundas residencias para pasar largas temporadas de asueto. Su marido era el pianista talentoso de un grupo que recorría las instalaciones militares a golpe de conciertos a capella.
Pero Erika está cansada de la humedad de los cayos y prefiere regresar a su país natal, además de gozar del clima "grandioso" de Gran Canaria, asegura.
"El turismo en Florida es diferente, porque la comida es mala y no existen centros con talasoterapia", sostiene Erika, que insiste en la superioridad isleña como destino turístico, al menos en el clima, la gastronomía y la abundancia de hoteles, pues en esa parte de EE UU se suelen alquilar casas para las vacaciones. "La gente estaría contenta de que Bush no siguiera como presidente", añade en clave de deseo ante las próximas elecciones. En ellas ve ganador a Obama, "porque sería algo bueno para todos". Apenas se acuerda del pucherazo en Florida que hace 8 años dio la victoria a Bush.







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