Son muchos los que se oponen a la construcción de la macro-carcel en Juan Grande. Otros se muestran a favor, y algunos se oponen con la boca chica y se dejan ver para no perder la ilusión. Pero pocos con la oportunidad de hablar desde el atril se atreven a reconocer que se le puede comparar como un nuevo monumento a una política penal y penitenciaria fracasada, que ha perdido el norte de la reinserción del penado, tal como mandata el artículo 25 de nuestra Constitución. Más bien, el discurso está dirigido hacia una política de traslado, sin reconocer que las nuevas infraestructuras no resuelven todo el problema y que la inversión debe compartirse con otras medidas.







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