Le escribo para poner en conocimiento de los ciudadanos la absoluta y total falta de respeto de la Policía Local de San Bartolomé de Tirajana, así como su plenamente ilegal proceder en este caso conmigo, que como usted dice soy el hijo de "Jerónimo el médico".
Conoce Usted perfectamente lo serios que somos, o por lo menos intentamos ser en esta familia, y de ahí mi enfado que paso a relatarle: resulta que uno tiene 23 años y lógicamente gusta de salir los viernes y sábados por la noche, como cualquier persona de la edad. Resulta al tiempo, y sin ánimo de ser pedante pero es la realidad, que uno tiene un biplaza descapotable deportivo de una conocida marca alemana. Pues bien, cuando estas dos circunstancias concurren al tiempo, parece que los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se ponen especialmente nerviosos, aunque nervioso y envidioso sean aquí perfectos sinónimos y le explico por qué. En poco más de un año que llevo con este coche me han parado más que a mi padre y a mi padre sumando los 30 años de carné que tienen cada uno; y hasta ahora he de decir, en honor a la verdad, que tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional, y la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria siempre me habían tratado con el respeto que merece cualquier ciudadano tenga 20 u 80 años, un gogo-móvil o un Rolls Royce.
En definitiva y para no cansarles, circulaba yo por la Playa del Inglés con un amigo entre las 2 y las 2:30 de la madrugada del sábado al domingo cuando, en un macrocontrol que había entre los Apartamentos Danubio y el Hotel Caserío, a la entrada de la zona turística, me dan el alto. Me paro, me descubro la cabeza, quito mi música y saludo respetuosamente al agente, quien me dice que por favor avance unos 20 metros y me sitúe a mi derecha donde estaban sus compañeros en una especie de escenario de Hollywood con cepos, inmovilizadores de vehículos, cadenas, lo menos 10 policías con el mono de antidisturbios, etc... En cualquier caso y según me aproximo me dice uno de los guardias, de unos 35 años "arrímalo ahí, niño".
Yo sé que soy joven, mal que le pese a ese agente por el coche que llevaba, pero probablemente él no sea ni bachiller, y uno con 22 años tenía dos carreras en el bolsillo como ustedes saben; así que por lo menos un respeto, ¿no? Nos rodean 3 agentes y nos ordenan, a mi amigo y a mí, que nos bajemos del coche. Olvídense de saludo, de por favor, de no te importa... sino que todo fue de una manera totalmente exigente, indecorosa, irrespetuosa e impertinente. Acto seguido, un agente se aplica la tarea de "molestar" a mi amigo y otro la de hacer lo propio conmigo: comienza diciéndome que si ese coche era mío, a lo que le respondí un cortés pero seco "sí señor". Luego me pregunta mi edad, a lo que le contesto "23 años"; interpelación esta que se sale ampliamente de su ámbito dado que es como si yo le solicito me informe acerca de su preferencia sexual ya sea policía, fontanero, ingeniero o de profesión alcalde.
¿A qué viene a cuento ninguna de las dos cosas para la finalidad que el guardia pretendía? Eso es algo del ámbito estrictamente íntimo, hasta el punto en que es el propio Estado el que garantiza la intimidad de esas informaciones en la Ley Orgánica de Protección de Datos. Me dice también que hacia dónde me dirijo, a lo que le respondí que a Las Meloneras. De igual modo, ¿por qué me formula esta pregunta? Ya no sólo resulta impertinente sino que además de inconstitucional, contraviene "per se" el Derecho comunitario europeo encargado de reforzar la protección a la absoluta y total libertad de movimiento de los ciudadanos dentro de la Unión (Europea, se entiende).
Pero prosiguiendo con el interrogatorio me exhorta a que le diga "sí había consumido o llevaba en el vehículo" (todos sabemos del conocido gusto de estos señores por utilizar formas gramaticales supuestamente "finas") drogas o sustancias estupefacientes, a lo que obviamente le respondo que no. Inmediatamente me dice, bueno..., me ordena que me de la vuelta, que me ponga contra el coche y que saque todo lo que tengo en los bolsillos; y en efecto obedezco. LLevaba la llave del coche y un trozo de papel higiénico, pues como todo hijo de vecino, uno se suena. Me dice que por qué no llevo la documentación encima, a lo que le contesto que estaba en el coche.
Continuó el individuo sorroballándome las posaderas y metiendo sus manos en todos y cada uno de mis bolsillos... y ahora viene lo más grave así que si ponen tensión, todavía mejor: sin explicación alguna, me ordenan que me aparte del coche y me llevan, junto con mi amigo Carlos, a unos 8-10 metros del coche y nos rodean 3 agentes disfrazados de antidisturbios como para que no nos movamos, y sorpresa la que me llevo, empiezan a registrar MI COCHE EN MI AUSENCIA, porque a esa distancia uno no está presente. Saben ustedes que en el Derecho español, cuando se registra un bien, siempre ha de hacerse en presencia del dueño del mismo. Saben además que el coche, exactamente igual que la casa, es una propiedad privada y en teoría igual de inviolable que el domicilio, pero por motivos y fuerzas paranormales, los registros de vehículos están a la orden del día ya que claro... ¿quién le planta cara a estos prepotentes que lo mismo te arruinan la noche enviándote al cuartelillo? ¿Y si por puros celos son ellos los que me echan una bola de cualquier cosa o una papelina? A pesar de la infundada veneración que mucha buena gente les tiene, ni los policías ni los jueces son dioses... y no sería el primer caso en España, ¿verdad? Y Dios me libre de que esté acusando aquí a nadie. En fin, que la envidia es muy cochina...
Pero para no desviarme del tema veo, desde la distancia, que 4 agentes empiezan a abrirme todos los compartimentos y gavetas de mi coche, a meter linternas por todo recoveco, a revolverme todos mis discos, a desarmarme los parasoles, etc... Reitero que todo esto sin un sólo por favor, un no le importa, un aviso de que efectivamente van a violar mi intimidad registrando mi coche... ni tan siquiera con la obligación que tienen de decirme que voy a ser víctima de un registro arbitrario, injusto y aleatorio en el que tenía todo el derecho a permanecer delante.
En resumidas cuentas que me sentí humillado y vejado, pues se me trató como a nadie debe hacerse, aunque efectivamente hubiera sido un traficante; y más aún en una propiedad de mi pleno dominio. Total que me dejaron el coche todo revuelto, y cuando ellos decidieron perdonarnos la vida nos dijeron que subiéramos al coche que podíamos irnos.
Y yo pregunto, ¿son estos individuos quienes tienen en sus manos la responsabilidad de velar por la seguridad de sus conciudadanos? Parece que es mucho más provechoso multar indiscriminadamente, poner radares en los tramos más seguros de las autopistas, darse gusto por las dunas en motos de 4 ruedas con la gasolina que todos pagamos, cobrar ilegalmente dos contribuciones al año... y mil maniobras más que todos sabemos de uno de los ayuntamientos más ricos de España. Claro que así se hace rico de la noche a la mañana hasta el mauro más grande, del que tenemos sobrados ejemplos en nuestra querida tierra.
En fin, que la autoridad hay que ganársela y no comprarla en forma de plazas reservadas en los ayuntamientos, fraudes electorales, manipulación del voto, etc... Y puede que el sábado ante ellos sólo fuera un pibe de 23 años con un coche que para ellos era sí o sí producto del trapicheo; pero esta tarde ya irá uno a la comisaría de allá abajo, con los mismos 23 años y el mismo coche, pero carné de abogado por delante y solicitando reclamación formal. ¿Qué se puede esperar del sistema cuando el denunciante se transforma en denunciado? Juzguen Ustedes mismos.
Sigan adelante que la verdad está con ustedes, y les ruego que no contribuyan a la demonización generalizada que todos los medios hacen de la juventud; que todavía quedamos algunos que somos gente honrada, seria, respetuosa, estudiosa o trabajadora, y ustedes tienen ahí un buen ejemplo con Juan Antonio.
Y yo me pregunto: un joven mata..., un joven asesina..., un joven es cogido a 200 por la autopista... Y yo me respondo: un joven no, un delincuente. ¿Acaso no hay señores muy aseñorados que son más yonquis y peligrosos que alguien de mi edad? ¿Cuándo ha habido en esta tierra juventud tan preparada con carreras, idiomas, estudios de postgrado, etc, etc... y cuándo ha sido más difícil acceder a la vivienda o al mercado laboral? Más bien habría que decir al "rastro laboral" dadas las condiciones de trabajo que generosamente se nos ofrecen como si fueran la panacea. Luego se quejan de la fuga de cerebros.
Lo que tengo claro es que, mal que les pese a muchos, no voy a dejar el coche en el garaje para cuando me salga barriga y no tenga pelo, que parece es cuando único pueden tenerse estos coches honradamente ganados.
Un afectuoso saludo,
Javier González Ruiz








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