Un buen comunicador es aquel cuyas frases acaban siendo titulares de periódicos. Pero no todo titular significa que provenga de una frase acertada, ni que disponga de sentido común o sea creíble. Hay titulares que recogen frases sin pie ni cabeza, emitidas sin sentido del ridículo y a sabiendas que los que se dice es falso.
Se equivoca quien crea que lo grotesco llega a ser comunicación. Aunque inicialmente las "boutades" atraigan al lector, éste acaba cansándose y abandonando cualquier medio que sólo publique ocurrencias "frikis", carentes de sentido.
Para evitar esta degradación, y evitarnos la vergüenza de tropezarnos cada mañana con el Chikilicuatre de turno; el presidente Paulino Rivero ha abierto a la competitividad la gestión de la programación, los informativos y la publicidad de la Radio Televisión Canarias, que con anterioridad venía siendo adjudicada en exclusiva a Socater, una empresa cuyo capital lo ostenta tres accionistas relacionados con el sector de la comunicación, los cuales se definen asimismo por el desmelenamiento al que están llegando en la distorsión de la verdad a través de sus respectivos medios.
Como es natural en una democracia la libertad de opinión y de crítica a la gestión de los responsables políticos es lícita y hasta deseable porque contribuye al control del poder político. Pero cosa distinta es el uso de la mentira, y más grave aún es mentir como venganza por quedar fuera de la adjudicación que anteriormente gozaban.
Este berrinche de los accionistas de Socater beneficia al PSOE y NC, que como leales compinches acuden ahora a la Fiscalía Anticorrupción de Las Palmas para denunciar lo que ellos consideran un despojo. Y lo hacen precisamente ante esa instancia de Las Palmas, no porque sea la vía más adecuada para presentar una denuncia -y mucho menos porque sea la manera de hacer oposición a un Gobierno- sino porque saben que el fiscal jefe de esa especialidad ha destacado estos últimos años por seguir los dictados del Fiscal General del Estado; seguidismo que seguramente corresponde a la doctrina que estableciera Juan Fernando López Aguilar y que puede leerse en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados del 24 de septiembre de 2003, Nº 280 páginas 14691 y 14692, del que extracto los siguientes párrafos:
Interviene el señor López Aguilar: "En cuanto al fiscal general podemos dudar entre su incompetencia, su voluntad incondicionada de servir al Gobierno o la mezcla de las dos cosas, pero en cuanto al Gobierno no tenemos dudas. Hay una voluntad de engañar a la ciudadanía. Y no es casual porque la falta de rigor de esta memoria es la síntesis de dos logros de su Gobierno. Uno, la ocupación de las instituciones, de lo que es un ejemplo el ministerio fiscal. El carril lento -quieto, parado- para los amigos del PP: Piqué, Matas, Gescartera, Telefónica, Berlusconi, Madrid. La alta velocidad para los que le plantan la cara al Gobierno del PP como le sucedió a Nunca Máis.
Dos, una fiscalía anulada para investigar y amputada para desvelar tejemanejes próximos al Gobierno pero esmerada a la hora de manipular las cifras al servicio de una política cada vez más berlusconizada".
Pregunto yo: ¿Piensa López Aguilar que por virarse la tortilla, tiene él ahora derecho a utilizar la Administración de Justicia con la misma arbitrariedad que según él antes hacía el PP? Si es así, López Aguilar sigue una línea definida hace años por Juan Guerra, uno de los hermanos crápulas de Alfonso Guerra, que en su autobiografía dejó perlas como la siguiente: "En Andalucía los de derechas siempre han adjudicado las obras públicas a sus amigos; no sé a qué vino tanto jaleo por una vez que los de izquierdas hiciéramos lo mismo".
Pablo Rodríguez Valido es presidente de los Jóvenes de CC y miembro de la Ejecutiva Nacional de CC.








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