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El boicot a la antorcha

Martes, 06 de Mayo de 2008
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Que tiempos aquellos, a principios del siglo XX, cuando el Barón Pierre de Coubertain, inaugura la era moderna de los JJOO. Apelando a la deportividad, al juego limpio, a la importancia de la participación, y a un encuentro entre naciones para competir en busca de la gloria y el Olimpo. Son mágicas las palabras que vuelven a la memoria al recordar lecturas de esos tiempos. Supongo que las más recientes ediciones de los Juegos Olímpicos no serán las que a tan noble señor le hubiera gustado conocer. Menos mal que hace tiempo que ya no se encuentra entre nosotros. En varias ocasiones los boicots y la política han sido más importantes que el propio esfuerzo atlético y la gloria deportiva de los ganadores o de los medallistas. Muchos podemos recordar, el  de los americanos en Moscu, el de los países comunistas a EE.UU., los Juegos de Berlín, etc. Es lo normal, cuando el deporte se convierte poco a poco en espectáculo simple y llano (como el circo de los tiempos romanos, en el que también acabaron convertidos aquellos juegos) y cuentan mucho más los dólares que el esfuerzo. Ahora llegan los juegos de China. Igual es un buen momento para mirar al pasado, no a hace 20 o 40 años, sino cuando en Grecia (776 adC - 392dC) se celebraban unos juegos que reunían atletas de todos los países civilizados en aquellos momentos. Los ganadores firmaron un pacto con la eternidad y aun hoy los recordamos. En aquella época hasta las guerras se paraban en tiempos de Juegos Olímpicos, se firmaba una tregua y los países enviaban sus atletas a competir. Muchas veces directamente del frente de batalla. Y así por unos días la gloria se buscaba en la palestra, en el estadio olímpico o encima de una cuadriga. Se cambiaba la sangre por el sudor. La adrenalina de las matanzas en las guerras en las que morían civilizaciones enteras, por los gritos extasiados del público asistente. Los artistas nos dejaban para la eternidad las figuras y rostros de aquellos hombres que representaban a su patria y que en caso de ganar eran tratados como reyes. No seré yo quien hable favorablemente de China en cuanto a ser un país que respeta los derechos Humanos. No estaré nunca a favor de la ocupación militar del Tibet  ni de las matanzas que se han producido. Pero yo tampoco elegí a China como organizadora de los JJOO, y muchos de los Gobiernos y Países que ahora claman, hace unos años (ya con el Tíbet ocupado) elegían a través de sus representantes a ese país como organizador de los mismos alegando que era una gran oportunidad para acercarlo a occidente, y también como no, como un impresionante ejercicio de marketing para colarse dentro del mayor consumidor del mundo y, el que será dentro de pocos años, la primera potencia. Al final, una vez más, el deporte es relegado a un segundo plano. Es utilizado por todos, como esa vieja meretriz que ya no busca otro trabajo  y se resigna a su suerte, mientras se le mustia el alma y el cuerpo Me gustaría poder olvidarme de todo y centrarme en seguir los juegos  y el esfuerzo de los competidores en los medios, nada más. No todos son millonarios y afamados deportistas, a decir verdad, casi ninguno lo es. Son personas que han sacrificado su vida por un sueño, relegando todo lo demás a su entrenamiento y  planificando sus días en pos del sacrificio, en busca de rebajar una décima al crono o de ganar  un centímetro. Son,  como los auténticos espartanos, los más parecidos a esos 300 de las Termópilas. Solo pido poder ver los juegos tranquilamente en casa disfrutando de la máxima expresión de la superación atlética, alegrándome de los éxitos de España (o mejor, de sus deportistas) sin que esto sea enturbiado por la política y los intereses de los poderosos. Ya sé que parece irreal, y que no será posible, pero déjenme al menos que ese sea mi pequeño deseo de cara al verano olímpico.
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