Aunque con cierto retraso, Gran Canaria está comenzando a desarrollar un fructífero debate sobre la asunción de nuevos modos de transporte, en concreto con la posibilidad de incorporar un ferrocarril a la actual oferta pública para la movilidad de las personas en nuestra isla. Una actuación, la de la posible implantación de sistemas ferroviarios, que aparece como objetivo prioritario de distintos programas y planes, tanto europeos como estatales y canarios. Entre ellos, los Programas de los fondos europeos (Marco Comunitario de Apoyo para regiones españolas del Objetivo 1), el Programa Operativo Integrado de Canarias 2000-2006, el Plan Director de Infraestructuras de Canarias, las Directrices de Ordenación General o el Plan Insular de Ordenación de Gran Canaria.
El Cabildo de Gran Canaria lleva trabajando más de una década en este tema, con la realización de distintos estudios. Pero el debate ha experimentado un salto cualitativo, por el liderazgo del gobierno de la Isla, y llega el momento de tomar decisiones con el máximo consenso para superar los graves problemas de movilidad que padecen los ciudadanos y ciudadanas. En ese sentido, hay que valorar los pronunciamientos favorables de los alcaldes de los municipios afectados, así como de las autoridades portuarias y aeroportuarias, y organizaciones empresariales.
El debate abierto en Gran Canaria nace de la preocupación sobre la actual situación. En las últimas décadas hemos crecido mucho en población, al igual que en actividad económica y en motorización. La isla se acerca a los 900.000 residentes, a los que hay que añadir los más de tres millones de personas que nos visitan anualmente. En el caso concreto del corredor Las Palmas de Gran Canaria-Maspalomas el incremento de la movilidad, junto a un bajo uso del transporte público, nos encamina hacia el colapso, así como hacia el elevado derroche de combustible y las consiguientes emisiones contaminantes, parámetros que ya hoy presentan datos negativos para nuestra economía y nuestra calidad de vida.
Las cifras del tráfico en el conjunto del Archipiélago son completamente insostenibles. Así, tenemos una media de coches por habitantes de 0,69, en un territorio insular y fragmentado, muy superior al 0,44 estatal. De cada siete personas que se mueven, seis los hacen en vehículo privado y sólo una en transporte público. Y, además, el 83% de los que viajan en guagua reconoce hacerlo por carecer de carné de conducir y/o de coche propio. Contrastan vivamente esas cifras con las políticas de la Unión Europea en favor del desarrollo sostenible y que están orientadas a que cada modo de transporte pague los costes que genera. Como he señalado en otras ocasiones, las emisiones causadas por el transporte motorizado en carretera constituyen uno de los parámetros de la contaminación atmosférica, siendo determinantes en la emisión de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global del Planeta. A ello se suma la ocupación de espacios urbanos, la elevada siniestralidad o la contaminación acústica.
No podemos continuar por ese camino de mayor ocupación territorial dentro y fuera de las ciudades, más contaminación, mayor presencia del transporte privado y, paradójicamente, más dificultades de movilidad. Debemos actuar ya para mejorar la movilidad en la isla, especialmente entre las zonas que hoy concentran la mayoría del tráfico rodado, contribuyendo al tiempo a su desarrollo sostenible. Siendo capaces de modificar la actual y negativa tendencia; es decir, logrando que se produzca un trasvase de usuarios del vehículo privado hacia formas públicas de transporte. Pero para ello, éstas tienen que ser más atractivas en tiempos, frecuencias, comodidad y precios.
Revolución en la movilidad
La implantación del transporte guiado en Gran Canaria puede dar adecuada respuesta a muchos de los actuales problemas, significando una auténtica revolución en la movilidad en nuestra isla. Se trataría de un sistema de trenes de tracción eléctrica -con la ventaja añadida de que pueden ser alimentados por energías renovables- que se mueven en plataforma reservada (y, por tanto, sin los problemas de competencia con el resto de vehículos que tienen las guaguas), y que supone enormes ventajas para el usuario en cuanto a velocidad comercial, comodidad y puntualidad.
Unas características que le convierten en un modelo adecuado para estructurar el servicio público de transporte entre Las Palmas de Gran Canaria y Maspalomas, actuando de modo coordinado con las guaguas y los vehículos privados que acercarían a los ciudadanos a las estaciones del ferrocarril. Pero desde el Cabildo trabajamos también en torno a la implantación del transporte guiado en el interior de la capital grancanaria y en la conexión de ésta con la comarca del norte. No hay que olvidar el dato de que de las 16 entidades más habitadas de España somos la única que no cuenta con transporte guiado, incluido Tenerife y Mallorca.
Es cierto que todo modelo de transporte ofrece ventajas y desventajas. El tren tiene, fundamentalmente, dos inconvenientes: su elevado coste de implantación (que creemos debe contar con el compromiso firme de financiación por parte del Estado, como ocurre en otras Comunidades) y la menor flexibilidad que ofrece esta plataforma respecto a las líneas de guaguas. Aunque es una inversión que genera crecimiento económico y empleo durante la ejecución y la explotación, dato de mayor importancia si cabe en estos momentos de desaceleración económica.
Pero sus ventajas son mucho más relevantes. Entre ellas, el hecho de que la implantación de modos ferroviarios logra un importante trasvase de viajeros del coche a este sistema de transporte público, el elevado número de pasajeros que puede transportar, su mayor regularidad, puntualidad y confort, así como el posible uso de energías renovables para su tracción y la posibilidad de contar con financiación española y europea para su puesta en marcha. Por eso, por la notable mejora de la movilidad y sus ventajas medioambientales, económicas y sociales, Gran Canaria precisa subirse al tren.
Román Rodríguez es presidente de Nueva Canarias.








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