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El Museo Canario en la encrucijada

Lunes, 28 de Abril de 2008
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Ahora que se habla tanto sobre la sociedad civil, su importancia, su vitalidad y aportación a lo colectivo, no estaría demás que hiciéramos algunas reflexiones para intentar fijar datos esenciales que nos permitan clarificar criterios. A fin de cuentas, la inexistencia o la debilidad del entramado que supone la presencia de la sociedad civil se ha definido, por algunos sociólogos en los antiguos países del Este, como un gravísimo problema de articulación social.   El arrasamiento de la sociedad civil en países totalitarios, al que escasamente han sobrevivido las instituciones de signo religioso ha generado enormes huecos ocupados por poderes fácticos que es innecesario nombrar. En el mismo sentido, los retrocesos de la sociedad civil en los países de nuestro entorno tienen que ver también con el auge de poderes paralelos fuera de control y con el retroceso de la libertad real. La sociedad civil organizada no es la apropiación o la relación parasitaria con lo público. Antes bien, hay un punto de partida de generosidad, de entrega a la comunidad de un patrimonio significativo, y de un voluntariado de pensamiento social y de actividad. En el caso de Gran Canaria hay que recordar lo que significó en su momento el Hospital de San José, vinculado a la saga de los Apolinario; el Colegio Salesiano, hijo directo del mecenazgo de Alejandro Hidalgo; o significativas testamentarias, en Agüimes o Guía, que enriquecieron las posibilidades de la ciudadanía en el ámbito social o educativo. Pero el caso más significativo, sin parangón en Canarias desde el punto de vista de su importancia, modelo y longevidad, es el del Museo Canario. La actividad ingente realizada por el Doctor Chil y Naranjo, desde el punto de vista científico, culminó con la entrega de su patrimonio para crear y sostener una institución ejemplar, entorno a la cual se ha creado un fondo museístico que abarca, entre otros aspectos, nuestra arqueología, el mundo etnográfico aborigen, las ciencias naturales, los fondos musicales, los archivos históricos, y un fondo bibliotecario y de hemeroteca significativo. Pero lo singular del Museo ha radicado también en su modelo de gestión, de sociedad privada pero también abierta a la asociación de cualquier persona que esté dispuesta a sumarse a la tarea, sin que ello sea incompatible con la presencia de las instituciones públicas que coadyuvan en sus fines. Con este ideario el Museo ha sorteado obstáculos, ha mantenido su independencia alejándose de cualquier bandería política. Incluso en el dilatado letargo del franquismo, en esa larga noche de piedra, que diría Celso Emilio Ferreiro, el Museo tuvo energía para sobrevivir, para rescatar en Inglaterra el valiosísimo archivo de la inquisición Canaria, que a través de las manos silenciosas de una Aurina Rodríguez, tan brillantemente se ha plasmado en importante trabajos de nuestros especialistas. Cambiar y adaptarse ha sido el máximo acierto del Museo Canario y el ideario de sus dirigentes en la etapa democrática, manteniendo celosamente su independencia y compromiso. En este contexto, lo que se ha venido en llamar "El Museo Canario del Siglo XXI" constituye un proyecto que hay que calificar sin ambages, como el proyecto científico/cultural más importante de nuestra Isla, que deberá generar amplísima extensión de sus instalaciones, una mejora y puesta en valor de sus colecciones, y una actualización de su pedagogía y recursos museísticos. La Ley Territorial IV/1999, de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias, creó la figura de los Museos Insulares y abre la vía para la conversión del Museo Canario, sin prejuicio de sus otras facetas, en Museo Arqueológico de Gran Canaria, con opción a establecer un concierto para la viabilidad de este nuevo estatus. Sin embargo, el Cabildo de Gran Canaria ha sido pasivo e indeciso en el desarrollo de esta posibilidad y en el apoyo decidido al proyecto de "Museo Canario del Siglo XXI", que exigen compromisos económicos ciertos, que ya comenzaron con la adquisición por parte de la Comunidad Autónoma del antiguo Colegio Viera y Clavijo y su cesión al Museo Canario. Se pierde mucho tiempo hoy en el vértigo del titular y la rueda de prensa, para soportar la última ocurrencia, y se resta trabajo a los proyectos consistentes, y de futuro. El Museo Canario no puede esperar más, ni puede ser dejado de lado en la huida hacia delante que caracteriza el presente cultural del Cabildo. Exigimos ya el compromiso, y que cese la vergüenza de ver desaparecer al Museo Canario del presupuesto municipal o cabildicio. Este es el compromiso que exige "el Museo Canario del Siglo XXI", posiblemente la institución científico/cultural más importante del Archipiélago. La que nunca fue silencio, sino entrega. La que nunca quiso ser trinchera de bandería, sino foro de encuentro de ciudadanos libres de propósito altruista. Que esta noble expresión de la sociedad civil nos siga alumbrando y traslade su mirada superadora y de largo recorrido a la maltrecha convivencia, de hombres e ideas, que hoy caracteriza a una buena parte de la sociedad canaria. Manuel Lobo es consejero de CC en el Cabildo Insular de Gran Canaria.
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