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Ministros, concejales y asesores

Martes, 22 de Abril de 2008
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No es que abandone el mundo del deporte por ese otro, mucho más oscuro y enrevesado de la política, no es eso, pero si me gustaría expresarme al respecto de lo que hemos podido observar en las pasadas fechas. El sistema electoral español ha sido duramente criticado por diferentes fuerzas políticas en los últimos años. En mi opinión, dicho sistema queda en la actualidad algo obsoleto y habría que afrontar una reforma constitucional seria, para ponerlo a la altura de nuestra actual democracia. Aunque realmente lo que más me llama la atención del proceso electoral no es la forma de constituir el Senado o el Congreso, sino cómo elige cada partido político a sus representantes en cada circunscripción electoral. Supongo que cada designación debe ser tremendamente meditada y planificada con años o meses de antelación, y sin embargo muchas veces me da la impresión que se crean las listas a última hora y con muchas de esas personas "de relleno". Quizá esta puede ser una de las razones mayoritarias de una abstención tan grande en determinados lugares: los ciudadanos a veces no nos sentimos representados por los políticos, ni incluso por aquellos elegidos por las fuerzas democráticas más afines a nuestra ideología. Se me ocurre el ejemplo de Ruiz Gallardón en el PP. ¿No creen que si él hubiera sido uno de los cabeza de lista, las cosas habrían estado mucho más igualadas? O dándole la vuelta a la tortilla y mirando democracias como la británica, ¿No sería más factible crear listas electorales abiertas, en las que pudiéramos votar a las personas y no a los partidos? A su vez, sería una manera muy justa de "castigar electoralmente" a los políticos que el pueblo cree que han realizado una mala gestión, por mucho que sus partidos les protejan. Todo esto me venía a la cabeza en el momento en el que veía en la televisión a nuestra nueva ministra de defensa en el acto de toma de posesión. Realmente, ¿no hay nadie más preparado, con más conocimiento de las fuerzas armadas y que a su vez sea de plena confianza para nuestro presidente? No piensen que es esta una actitud sexista. Creo que aunque la gestión en diferentes campos es bastante parecida, no es lo mismo un ministerio de cultura que uno de economía u otro de defensa y supongo que habrá que formarse en determinada medida para afrontar cada uno de ellos, ¿no? Pero no a título posterior, sino de forma previa, realizando labores en diferentes estamentos y aprendiendo poco a poco. ¿Por qué lo que vale para la vida normal en cualquier empresa, no vale para la política? Tan listos son estos señores que se pueden permitir el lujo de pasar de un ministerio a otro sin despeinarse. Tanto fríen una aguja, como enhebran un huevo. En otro ámbito más cercano, y donde este problema toma una dimensión aún mayor, están los ayuntamientos y cabildos. Es aquí donde podemos ver los casos más curiosos, por llamarlo de alguna manera. Se supone que una vez a un grupo de gobierno le corresponden un determinado número de concejales, este partido debería colocarlos estratégicamente, cual fichas de ajedrez, cada uno de ellos en el puesto para el que más preparado esté y mejor vaya a gestionar. Esta es la forma en la que el grupo gobernará de manera más coherente y seguro que eso repercute en los servicios y en un beneficio electoral próximo. Pero, sin embargo, nos encontramos con que las concejalías son repartidas, poco más que a suerte y que cada uno elige en función de su peso político. Nos puede tocar de Concejal de Deportes, una persona que en su vida ha visto organizar un evento y su experiencia deportiva se resume, con suerte, a algunos partidos de fútbol, o un concejal de turismo que nunca salió de la isla de viaje. Cualquier parecido con la realidad es pura ficción, no se preocupen. Pero bueno, ¿Tan difícil es incluir en cada lista electoral personas con un perfil orientado a ciertas concejalías? Lo más divertido es que, como los concejales que tenemos no son especialistas en sus respectivas concejalías, encima se permiten el lujo de tomar como asesores a personas cercanas a sus partidos o familiares que entienden menos que ellos del tema en cuestión. ¡Qué desastre!, Y claro, así nos va.
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