He oído estos días a una alcaldesa de Gran Canaria una frase que hasta ahora no había escuchado a ningún político de Canarias, relacionada con el turismo. María del Pino Torres que rige uno de los ayuntamientos españoles más destacados en camas, afirmó que basarán la promoción turística en el estímulo de los sentidos de quienes nos visitan. O sea atraerles, no ya sólo por nuestra famosas playas y nuestro moderado clima, que ya de por sí es un auténtico regalo, sino por otros atractivos que tienen que ver con la vista, el gusto, el olfato, y las emociones.
Me parece una buena idea porque Canarias en general, y Gran Canaria en particular, guardan sobre su reducida superficie un cúmulo de sensaciones que pueden hacerse inolvidables para quienes se han dignado disfrutar de sus vacaciones aquí, que no olvidemos se merecen todos el respeto de nuestros paisanos. Malo es cuando no respetamos a quienes nos visitan o existan personas aquí que no lo hagan, sean o no canarios.
Con esto quiero decir que incluyamos en nuestras promociones turísticas otros elementos que a lo mejor hasta ahora han pasado inadvertidos en quienes diseñan las campañas exteriores. Darle publicidad e incidir una y otra vez en ello. Ya el turista sabe que disponen de buen clima, buenas playas, campos de golf, algún que otro parque temático, ocio marítimo, submarinismo, wind-surfing, etc., pero tenemos que introducir unos atractivos que a nosotros nos parecen normales pero no hemos sabido "venderlos" adecuadamente.
Me refiero a nuestros paisajes, nuestras montañas, nuestros campos de cultivo, nuestras hermosas puestas de sol. Me refiero a los frutos que se producen en la isla: papayas, aguacates, mangos, plátanos, guayabos, naranjas, etc. O a esos fabulosos quesos de oveja, de vaca o de cabra, a los exquisitos quesos de flor, a nuestra repostería típica, a nuestras flores. Me refiero a esos vinos cuya producción aumenta y cada vez tienen mejor calidad. Y como no, me refiero también a la gastronomía, a la más tradicional o a la nueva cocina canaria basada en nuestros productos. Una auténtica delicia para los sentidos.
Pero no olvidemos tampoco todo lo que podemos ofrecer en el ámbito cultural. Nuestros festivales de música, de ópera, de zarzuela, de cine, de danza, de teatro. Nuestras exhibiciones folclóricas, las fiestas más importantes, los carnavales, los yacimientos arqueológicos que nos hablan de un pasado no tan lejano, nuestros monumentos y todo aquello que pueda tener en cada población un interés para el que nos visita. Los turoperadores, las agencias de viaje, los clientes pueden planificar vacaciones en cualquier época del año y de acuerdo a un calendario de eventos y acontecimientos que se producen en esta isla.
Pero como decía, todo eso hay que promocionarlo, y corresponde a los ayuntamientos, el Cabildo Insular, y al Gobierno autónomo apoyar estas iniciativas dentro de su posibilidad.
Tiene que quedar bien claro, con las correspondientes señalizaciones, que existen esos lugares con sus específicos atractivos. Unas rutas del vino (con visitas a bodegas y degustaciones), unas rutas del queso, también con muestras y catas, rutas gastronómicas, rutas reposteras, localización de yacimientos existentes (y habilitaciones de otros nuevos). Queda claro también que la agricultura y la ganadería contribuyen, no sólo a afianzar nuestra economía y reducir las importaciones, que todo lo encarecen, sino también a mejorar y conservar el paisaje.
En las cercanas islas de Madeira se promocionan todos estos aspectos que he mencionado. Allí existen unas Fiestas del Vino, que se celebran en septiembre, y que atraen a miles de personas de Portugal y del continente europeo en general. Va acompañado con actos festivos, visitas a las más destacadas bodegas, degustaciones de vino, etc. Pero aparte de eso, a lo largo del año celebran festivales y diferentes fiestas que son muy alabadas por los visitantes como las del mes de mayo, dedicadas a las flores, los carnavales, la gran exhibición pirotécnica de final de año, contemplada por los miles de turistas que allí se alojan, o por los cruceristas que acuden ese día a Funchal para verla. Luego tienen algo que no hemos podido todavía arraigar en nuestras islas, a pesar de los años de turismo que llevamos. Es la promoción de los productos típicos de la isla en los hoteles y restaurantes de la isla. Te ponen los zumos, las frutas, la mantequilla, y hacen gala de su oferta gastronómica.
Aquí cuando visitamos cualquier zona turística de las islas, no parece que estemos en Canarias. Tenemos que aprender a valorar lo nuestro y ofrecerlos como una forma estimular los sentidos de quienes nos visitan y que contribuya a su enriquecimiento cultural y humano.






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