Tenemos ante nosotros una doctrina y una forma de gobierno mediante los cuales la soberanía emana del pueblo. Es decir, estamos en una democracia, por tanto, aprovechémosla. Tal vez muchos de los que hoy son jóvenes y que han nacido con este sistema, desconozcan los esfuerzos que sus progenitores y otros antepasados suyos tuvieron que realizar para acabar con un régimen despótico, donde no existían las libertades individuales, la libertad de expresión, los derechos humanos.
Un régimen que perseguía a la gente por sus ideas contrarias al gobierno totalitario, que encarcelaba, que torturaba y que asesinaba. Un gobierno que colocó a España a años luz de las naciones más avanzadas de Europa y del mundo. Tenemos pues, una joven democracia con sus virtudes y sus defectos, pero somos nosotros los que podemos elegir a quienes nos representan y gobiernan en las corporaciones locales, en los cabildos, en las autonomías en la nación.
Esto quiere decir que deberíamos estar bien informados, saber quienes son, por su trayectoria humana y honradez, los que realmente pueden llevarnos al progreso, al bienestar y a la concordia.
A la hora de elegir, no deberíamos dejarnos llevar por los cantos de sirena de los demagogos, por el adoctrinamiento de otros, por las falacias y fantasías de quienes quieren ocupar el poder por el poder, sino que tenemos que actuar bajo nuestro propio criterio, sin borreguismo, sumisiones o miedos.
Quizás muchos estén desilusionados por la forma en que se ha desarrollado hasta ahora nuestra democracia. Lógico porque es una joven democracia. Es posible que no se haya acertado siempre a la hora de desarrollar esta forma de gobierno. Pero la democracia es susceptible de mejora y perfeccionamiento.
Y todos los poderes que la conforman tienen la obligación de hacerlo. Por eso sería bueno que los ciudadanos tengamos más participación; que el poder judicial mejore y se perfecciones porque es uno de los sostenes de la democracia y del estado de derecho; que la Constitución sea reformada, si es preciso; que las diferente regiones españolas obtengan las máximas cotas de autonomía, sin ningún tipo de privilegios, y que, al mismo tiempo, exista un gobierno central fuerte y equitativo, con unas competencias y leyes determinadas que nos obliguen a todos a mantener la cohesión y la idea de que somos un solo país, una sola nación, que no puede destruirse, pese a las peculiaridades y características que podamos tener con respecto a las lenguas, a las costumbres que nos inducen a pensar que estamos ante un federalismo aunque eufemísticamente no se reconozca.
Podríamos aprender de ciertos países de Europa como Suiza, con cuatro lenguas diferentes, diversas creencias religiosas y culturales, pero todos sus ciudadanos se sienten “suizos” antes que nada. Alemania es un estado federal.
Estados Unidos es un estado federal. Pero nadie duda del patriotismo de sus ciudadanos. Aprender de las experiencias de otros no es malo, sino al contrario, es enriquecedor. ¿Por qué en este país, un gallego, un catalán, un vasco o un canario, no se pueden sentir igualmente españoles y patriotas?.
Utilicemos pues, el derecho que tenemos para elegir y no nos quedemos cómodamente en casa. Si no votamos, no podremos después quejarnos. Es como si pretendiéramos que nos tocara la lotería sin haber jugado.
Así que voten bien, mirando a quien. Supongo que todos tenemos la capacidad de discernir.










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