La natalidad de nuestro país, estancada o en regresión, parecería ayudar al Estado español al cumplimiento y mantenimiento de los servicios mínimos de calidad, para asegurar la atención al enfermo. Y no es así.
Sebastián Ferrá.- La previsión de Sanidad falla en todo el territorio español. Los servicios, camas hospitalarias, centros de atención, servicios de urgencia, están desfasados con la necesidad real, y las esperas en las visitas a especialistas, o la demora para operaciones, incluso para las de tipo más urgente, se incrementa, más y más.
La Sanidad española está sufriendo, al tiempo que la población está aguantando, intentando comprender y perdonar la mala gestión política, de todos los Ministros de Sanidad desde años atrás.
En las Islas Canarias, debido a la visita de turistas por una parte, y la entrada de inmigrantes por otra, se incrementa el desfase y carencias para atender dignamente a la población. Nuestras Islas están aumentando el número de habitantes de hecho, al tiempo que no se recibe el presupuesto adecuado para hacer frente a las nuevas necesidades, que aumentan sin parar.
Es preocupante la fuga de médicos canarios a los nuevos centros hospitalarios de Madrid. Estas bajas se suman a la falta real de personal de la sanidad canaria. Los Sindicatos tienen toda la razón cuando recuerdan la falta de personal, a todo nivel, la desmotivación de médicos, enfermeros, analistas etc.
Esta Sanidad es la que el ciudadano canario sufre, y es ésta Sanidad que ofrecemos al turista que nos visita.
El turista, en principio, nunca espera tener que ser atendido por el médico durante sus vacaciones. Su optimismo y salud no le induce a temer la desgracia de una enfermedad durante sus vacaciones, pero cuando ello ocurre, el turista que tiene que ser atendido por la Sanidad Pública -no todos tienen derecho al servicio médico privado- tiene en sus manos el poder para analizar nuestra estructura sanitaria, y en este análisis, se puede producir un fuerte impacto negativo, de rechazo, para sus propias futuras vacaciones.
El ministro de Sanidad tiene una importantísima labor, y las dificultades son tan elocuentes, y arrastradas desde muchos años atrás, que no las podrá solucionar, aunque quiera, en poco tiempo. Por ello, en esta lamentable y enquistada falta de atención al enfermo español, y al turista que nos visita, no se entiende la pérdida de tiempo y la movida del nuevo tallaje de la mujer española, y la actuación del Ministerio, cuya obligación es mejorar la salud.
El Ministerio de Sanidad debería preocuparse, por ejemplo, de la creciente obesidad de las personas, y su alimentación, antes que preocuparse en vestirlas, dejando este tema para la industria de la confección.
Y ante la amenaza de que toca ahora el tallaje del hombre español, me permito, querido lector, protestar al viento, sabiendo que el viento (y el tiempo) se lleva todos los males y arregla todos los desvaríos. En fin, todo sea para tapar, en período electoral, unas carencias de nuestra Sanidad española, la que tenemos, que es posiblemente, la que merecemos.








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