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Los ciudadanos somos la leche

Lunes, 28 de Enero de 2008
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No puedo más que sorprenderme cuando me entero de algún ciudadano que reivindica algún derecho. Cuando observo que aún quedan personas ingenuas que creen que tienen derechos en esta pantomima de democracia en la que nos quieren hacer vivir. Es impresionante como en Valsequillo recogen más de ocho mil firmas creyendo que la Consejería de Sanidad dará marcha atrás a una decisión tomada, según sus responsables, por el bien de todos, pero totalmente en contra de los deseos y la necesidad de la población. Me maravilla que más de tres mil personas hayan firmado que opinan que es correcto que el presidente del gobierno de Canarias reciba a una vecina que lleva casi cuatro meses acampada delante de su despacho mientras él no ha querido darle audiencia. Ahí sigue ella, a viento y marea pero el Sr. Rivero no tiene tiempo ni ganas de atenderla. Y ella, erre que erre, insiste en sus derechos y los del resto de los damnificados del incendio, que en septiembre acudieron a ese mismo lugar y no fueron recibidos por nadie. Es flipante ver como decenas de miles de personas salen a la calle demandando que no se realice el puerto de Granadilla, todas ellas creen en la democracia y están allí porque está seguros de que su voz se tiene que oír, que los políticos no tienen carta blanca. La lista de pobres vecinos inocentes que intentan participar en esta democracia virtual, con la Ley en la mano, es interminable, tanto por colectivos como de modo individual. Osamos opinar y que nos escuchen. ¡Atrevidos! Las respuestas que recibimos todos demuestran que no es así como los contribuyentes nos lo queremos creer. La evidencia es que nuestros representantes políticos insisten en saber más que nosotros qué es mejor para nosotros y en aprovecharse de su puesto para obligarnos a tragar con sus decisiones. Luego si el pueblo así lo quiere, que vote a otros para deshacer lo hecho, mientras tanto “aquí mando yo”. Ahora se visten de corderitos otra vez a pedirnos el voto. De repente la dictadura se disfraza de democracia durante los carnavales de las elecciones. ¿Por qué no puedo compartir su convicción? ¿Cual es el motivo por el que me producen tanta desconfianza y hasta asco por la hipocresía e insensibilidad que muestran con sus actos? ¿Hay por ahí algún político capaz de hacerme volver a creer que hay personas que practican la política democrática y participativa como debe ser y no de esta forma tan chabacana? Tendría mi voto, si es que existe. Los que ahora veo lo tienen crudo para conseguirlo. Jenni Hymoff Koeppel
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