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¿Y si nos preocupamos?

OCTAVIO MEDINA Martes, 26 de Febrero de 2019 Tiempo de lectura:

Hablamos durante una hora y pico sobre los sitios donde habíamos estado, las personas que habíamos conocido, lo que habíamos hecho y lo que no, esas cosas...

El encuentro ocurrió hace una semana, más o menos. Decidí pasear algunos pensamientos por Triana, a ver si así se aclaraban entre ellos, cuando me topé de frente con un buen amigo de la infancia y… Bueno, usted ya sabe cómo funciona este tipo de reencuentros. Eso sí, lo mejor que pudimos hacer fue no proponer ese dichoso café que nunca se llega a tomar o plantear la posibilidad de un encuentro que, en la mayoría de los casos, se pospone hasta la saciedad y sin saber exactamente el porqué. No, no. Un minuto tardamos en dirigirnos a uno de los ciento catorce locales que había a nuestro alrededor parar hablar tranquilamente sobre las cosas que nos habían pasado desde la última vez que nos habíamos visto, tantos años atrás.

 

Hablamos durante una hora y pico sobre los sitios donde habíamos estado, las personas que habíamos conocido, lo que habíamos hecho y lo que no, esas cosas… Yo me había pedido el segundo té rojo y él otra tercera de una bebida extrañísima con un nombre tropical que parecía indicar a gritos una cuantiosa cantidad de alcohol. Ni le pregunté si era así o no. En una de esas le dio un sorbo tan fuerte a su bebida que casi se la echa por encima. Después de algunas anécdotas de nuestros años tempranos en la vida y tal me preguntó:

 

- ¿Y tú qué? Hace tiempillo vi que habías escrito y compartido un artículo en un periódico, ¿estás a tope con el tema? –. Dijo con gesto serio, le gustaba escribir.

 

- Escribir escribo, lo que pasa es que no me ha dado por compartir nada desde hace algún tiempo.

 

- ¿Por? Bueno…  -Se detuvo para darle otro sorbo a la dichosa bebida. – Si no quieres hablar del tema…Tampoco hay que…

 

- No, no. Si no tengo problema, te explico. Yo escribo artículos de opinión, ¿sabes? Cuando ocurre algo relevante, dentro del ámbito político o social, me gusta compartir lo que pienso y todo eso.

 

- Si…

 

- Vamos a ver, es que… Pienso que a la gente de a pie, los ciudadanos, se nos ha ido la cabeza, sinceramente. No sabemos hacia dónde vamos, nos creemos todo lo que leemos en los periódicos, escuchamos por la radio o vemos por la televisión. Bueno, y ni eso, ya que la gente se queda con los titulares. No voy a decir que todos, ¿no? Pero sí todos menos cuatro gatos.

 

- Te veo indignado, compañero.

 

- ¿Acaso tú no? Convives con gente que se pasa el día con Venezuela en la boca sin saber situarla en un mapa, con millones de personas que afirman la existencia de un país llamado Cataluña, con publicaciones de escuchas realizadas en los despachos del anterior gobierno, con universidades públicas que establecen un evidente trato de favor a los de siempre, que si aquellos dijeron esto y después hicieron lo otro…

 

- Si es que habría que traer de vuelta la guillotina y quitar a todos estos ladrones, sinverg…

 

- Ah, no. No te equivoques, amigo mío. -Le interrumpí rápidamente. -Si es que somos nosotros quienes, como te decía antes, hemos perdido la cabeza. La culpa es nuestra.  ¿Tú acaso ves a la gente preocupada? No, cuando sale el tema nada más, por aquello de rellenar hueco en el silencio de las conversaciones. ¿Tú ves que la gente haga algo? No, porque hay tele, “Sálvame” o lo que sea… La gente trata la política como si fueran equipos de fútbol; tú eres de este, yo soy de aquel. ¿Y sabes que es lo más triste? Que, por ese estúpido motivo, ya no hablan para intercambiar puntos de vista o enriquecerse, la gente habla para intentar convencerse unos a otros. Bajo esta premisa, ¿cómo puedes esperar que alguien de izquierdas critique a la izquierda y otro de derechas a la derecha? Si no hay crítica… mal vamos. Y así estamos. Mal

 

- Ya… -Parecía abrumado tras mi pequeño discurso. – Pero no comprendo, Medina. ¿Cuál es la razón de que no compartas aquello que escribes? El panorama está calentito, material de sobra tienes.

 

- ¿De qué sirve que envíe mi punto de vista sobre esto o aquello cuando la gente ni siquiera se ha leído la Constitución de la que hablan constantemente?

 

- Bueno… -Dijo antes de terminarse su jarra. – Pues escribe esto.

 

- ¿El qué? –Pregunté sin comprender.

 

- Esto, no sé. Esta conversación. Has dicho lo que piensas pero sin decirlo, ¿sabes? De forma natural, no como si fuera un artículo para el periódico.

 

- Oye, pues no es mala idea, la verdad –Dije, mientras cogía mi taza. – ¿Y cómo lo titularías?

 

- Pues, para eso no soy muy bueno… -contestó como si  esa se hubiera convertido en la duda más importante de su vida. – Algo así como, “¿Y si nos preocupamos?” o por el estilo, no sé. Es que no se me da esto, de verdad…

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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