Pasada la vorágine de la Navidad, Año Nuevo y Reyes Magos, con la recarga añadida de Papá Noel, y Amigos Invisibles, a los españoles de allende los mares, es decir a los canarios, se nos queda el cuerpo hecho unos zorros y más que el cuerpo, el bolsillo. La mente bulle y se nos llena de inquietud. Empezamos a preocuparnos de cómo vamos a resolver la difícil cuesta de enero, que quizás para muchos se prolongue unos cuantos meses más.
Además, para empezar el año nos cae encima una crisis económica, que ya había sido anunciada, y que no afecta solamente a España, sino a Europa entera y a Estados Unidos y a los países más desarrollados. Claro que eso no nos sirve de consuelo
El señor Zapatero y su ministro Solbes nos hablan de los éxitos de la economía española, pero deben referirse a la macroeconomía, a las grandes empresas, a las industrias boyantes, a los bancos, a algo que parece estar en otra galaxia por lo lejano que se encuentra de las personas corrientes, mileurista o pensionistas que se las ven y se las desea para poder llegar a fin de mes. La inflación se ha dispara. Suben la cesta de la compra, la luz, el agua, el teléfono, los transportes, y otras cosas, y, por si fuera poco, los tipos de interés no dejan de elevarse, poniendo en aprietos a aquellos que han comprado una casa y tienen hipotecas por medio. Ya se habla de desahucios, de embargos y de palabras mayores. Palabras, letras e hipotecas, que sólo benefician a los bancos, que a pesar de que su riqueza se basa en el dinero de los demás, generalmente carecen de flexibilidad, de sensibilidad y de compasión con sus clientes más débiles. Se convierten en buitres a los que sólo les interesa su rentabilidad y las altas cotizaciones en Bolsa. Esto forma parte del sistema y el que no lo acata queda fuera de juego.
La crisis se agudizará probablemente en España debido al desfase que tenemos con respecto al euro, que es una moneda de alta cotización, y los raquíticos sueldos que se perciben en nuestro país. No digamos nada en lo que ocurre en Canarias con una situación económica, social y política tan embrollada que se diluyen las ideas y las iniciativas para afrontar esta crisis.
No se decide nadie a incrementarla actividad en diversos sectores de la economía como, por ejemplo, la construcción, creando viviendas sociales en los municipios que lo requieran, incrementando las infraestructuras y obras públicas; reactivando sectores como la agricultura, la ganadería, la pesca, la industria, la investigación, la utilización de las energías alternativas, la optimización del turismo, ofreciendo incentivos fiscales para emprendedores, etc.
La crisis económica, la inflación, la subida de los tipos de interés, la elevación del precio del petróleo forman parte de un entramado global que me parece que se aleja cada vez más del bienestar social y de la consideración hacia los seres humanos que habitan este planeta. No se puede culpar exclusivamente a este gobierno, como se anda diciendo por ahí en la precampaña electoral, porque hubiese sucedido lo mismo, tanto si gobierna Rodríguez Zapatero como Mariano Rajoy. También es cierto que el actual ejecutivo nacional tendría que haber tomado una serie de medidas para paliar la crisis.
La crisis de Alemania, por ejemplo, repercutirá en la disminución de turistas de esa nacionalidad hacia Canarias Y lo mismo sucederá con el mercado británico debo a que incluso la potente libra esterlina se encuentra en la cuerda floja. En términos generales, también afectará al consumo, que descenderá.
Pero no se apuren porque en mitad de la cuesta de enero nos toca el Carnaval y sus ofertas fantásticas, en las que nos queremos convertir en lo que no somos, aunque sea por unas horas o unos días, nos harán olvidar que hay crisis y que nuestros sueldos, especialmente los canarios, que son los más bajos del país, son tan esmirriados que apenas nos da para comer. Ya saben: pan y circo, como en los tiempos romanos. Aunque cada vez hay menos pan por las razones explicadas.
¿Y por qué, ante las perspectivas que se presentan este año, no intentamos frenar tanto desatino y dispendio y nos dedicamos un poquito a un período de reflexión y de austeridad?






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