Hablar en público
Por ello, las intervenciones hay que prepararlas a conciencia, lo que implica no limitarse a elaborar la charla, sino que hay que ensayar la forma en la que se va a exponer.
Hablar en público es una posibilidad de comunicación que se debe aprovechar al máximo, porque hay que lograr una conexión efectiva para ser capaz de trasmitir ideas.
Por ello, las intervenciones hay que prepararlas a conciencia, lo que implica no limitarse a elaborar la charla, sino que hay que ensayar la forma en la que se va a exponer. Para ello, es importante tener en cuenta lo siguiente: el orador u oradora tiene que conseguir que el público se interese por lo que les va a decir y esto exige dominar las técnicas de la comunicación, puesto que una cosa es conocer una materia y otra muy distinta es saber hablar de la misma. Conocer el tema es una condición necesaria pero no suficiente porque hay que saber exponerlo de una manera atractiva para conseguir captar la atención del público y no aburrirle.
La persona quo habla a un público tiene que resultar interesante, sugerente y convincente, para lo cual se deberá dominar el tema teniendo un conocimiento del mismo muy superior al que tiene el público y, además, que sea interesante. Escribir la charla es sólo una parte del trabajo y probablemente no la más difícil, ni tampoco probablemente la más determinante a la hora de alcanzar el éxito. El cómo se expongan esas ideas juega un papel fundamental. Una misma charla puede resultar un tremendo éxito o un rotundo fracaso en función de la habilidad del que la expone.
Aunque resulta natural estar algo nervioso cuando se va a hablar en público, hay que tener muy claro que el mismo no es el enemigo, que se encuentra acechando a la espera del más mínimo fallo para saltar sobre el orador u oradora, muy al contrario, cuando el público acude al acto es porque en principio le interesa el tema que se va a tratar y entiende que la persona que va a hablar tiene la valía suficiente para poder aportarle algo. Cuando se habla en público hay que estar pendiente no sólo de lo que se dice, sino de cómo se dice, del vocabulario que se emplea, de los gestos, de los movimientos, de la forma de vestir, etc. Todo ello será valorado por el público y determinará el mayor o menor éxito de la intervención.
El escritor Mark Twain decía que hay dos tipos de oradores, los que se ponen nerviosos y los que mienten. Y los nervios van a variar dependiendo de lo que tengamos que contar o de quiénes nos escuchen. Muchas veces nos toca hablar en público en una reunión de trabajo, en la junta de vecinos o en el brindis de la boda de nuestro mejor amigo. Y aunque no nos lo enseñaran en el colegio o hayamos tenido una mala experiencia, hablar en público se puede entrenar si se sabe cómo. Para ello es necesario tener en cuenta una serie de pasos. El primero de ellos es la bienvenida. Necesitamos invertir tiempo para un buen comienzo. Deberíamos huir como la pólvora de expresiones típicas como “bueno”, “pues…” que solo demuestran que estamos hechos un flan. Hay que comenzar con alguna de estas ideas: contar una historia que enganche a la audiencia, aportar un dato o un hecho sorprendente, o hacer una pregunta que despierte la atención, como por ejemplo: “¿Cuántos de nosotros querríamos ganar más dinero?”. Si empezamos haciendo una mención a todas las personalidades presentes (clásico de los discursos institucionales), las personas desconectan desde el primer minuto.
Otra clave que nos ayuda a hablar en público es la autoridad, y esta se consigue con las palabras y con el lenguaje no verbal. La mejor manera de reducir los nervios es estudiando lo que se va a explicar. Pero las emociones y nuestra personalidad se perciban cuando hablamos delante de otras personas. Nuestras inseguridades o dudas se expresan con gestos, de los cuales no siempre somos conscientes. Por eso, a la hora de prepararnos para algo importante, también necesitamos trabajar en la seguridad en nosotros mismos. Si se quiere hablar bien en público, se tendrá que pensar bien en privado.
El valor es otro de los elementos esenciales que necesitamos trabajar. Debemos aportar algo a las personas que nos escuchan, porque el tiempo es preciado pero la atención, mucho más. Para conseguir enganchar, una recomendación es narrar historias. Así aprendimos de pequeños y seguimos haciéndolo como adultos. Los hechos hablan, pero las historias vencen. Por último, hay que tener en cuenta terminar con un mensaje que quede en la mente de quien lo escucha.
Hablar en público puede ser maravilloso si uno se siente preparado y pone en práctica varias herramientas. La buena noticia es que se puede entrenar y adaptar a la personalidad de cada uno, porque, como dijo Voltaire, “todos los estilos son buenos, menos el aburrido”.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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