La gran broma de Pablo Iglesias
Era temprano, las ocho y media creo. Estaba tomando el desayuno mientras leía en Twitter las noticias más relevantes y comentadas del día cuando, de repente, vi un tweet escrito por Pablo Iglesias apenas treinta y siete segundos antes. “A ver, si le escribo algo ya de ya, es prácticamente imposible que no lo vea…”, pensé. Solté mi café, redacté y le envié un escueto mensaje donde le deseé buenos días y poco más. ¿Qué esperaba con eso? Como máximo su contestación. ¿Por qué? Bueno, jamás he comenzado una jornada con el mensaje de un Diputado de las Cortes Generales. ¿Cabía la posibilidad de que respondiese? ¡Claro! Iglesias, incluso antes de dedicarse a la política, comprendía el peso, influencia e importancia que las redes sociales tienen en nuestra época, ¿por qué no?
Entonces, sin quererlo ni beberlo, me di cuenta de que, incluso antes de que ocurriese nada, la doble vara de medir ya podía ponerse manos a la obra en esta intrascendente historia. Si Iglesias no respondía a mi envío, serían bastantes las personas que pensarían que definitivamente su mensaje ha resultado ser una mentira, que ha estado presumiendo de su origen y humildad cuando, en realidad, no es capaz de dignarse a responder a un chaval de veinticuatro años. Si por el contrario respondía, tendríamos a otro buen puñado de gente preguntándose si este señor, con tal grado de responsabilidad en sus manos ahora, no tiene otra cosa que hacer sino responder a un chaval de veinticuatro años vía Twitter. Volví a agarrar mi café y me pregunté lo que le pregunto ahora a usted, ¿pensaríamos igual si se tratase de Pedro Sánchez? ¿Le daríamos tanta importancia si los personajes principales de estos supuestos fuesen Albert Rivera o Pablo Casado? Firmemente pienso que no. ¿Por qué? ¡Diablos, nos hemos tragado el negativismo de los benefactores de estas personas durante años! Por Dios, ¿no se ha dado cuenta?
Cuando la economía moría en 2007 por el efecto dominó que dio comienzo en Estados Unidos, el presidente Zapatero diría en 2009: “Hay indicios consistentes de que el peor momento de la recesión, en términos de caída de la actividad, ha pasado ya”. ¿Recuerdan? Con Rajoy vimos que un presidente del Gobierno gozaba de impunidad al no cumplir lo que le había prometido a su país, que podía negar acusaciones de enorme gravedad a través de un plasma y que era posible intercambiar mensajes con personas inmiscuidas en situaciones pantanosas sin que ninguna medida se tomase. Hoy en día, ojalá fuera mentira, no solamente escucho a personas defender con uñas y dientes a políticos que actúan de esta manera sino que realzan sus figuras hasta la estratosfera. ¿Por qué? Bueno, porque se supone que cada uno debe defender a los miembros de su equipo, ¿no?
Pero entonces, ¿es Podemos, y no otra, la única opción válida? No, por favor, claro que no. A ver, es una organización política como cualquier otra que, allá por el 2014, decidió iniciar una trayectoria política comenzando por la candidatura a las elecciones europeas. Fue el partido que pasaría a la historia, en el panorama nacional, por ser el principal artífice de la muerte del bipartidismo y por intentar dar voz a aquellos que el sistema, por naturaleza, había olvidado y machacado. Eso sí, no todo ha sido gloria. Conflictos internos, denuncias, gravísimas acusaciones, decepciones y situaciones desagradables también azotaron a la formación morada en su momento y en la actualidad, algunas de ellas incluso han llegado a manos de la justicia para obtener aclaración. Como no podía ser de otra manera, ha habido de todo. Pero ¿y si todo esto fuera una farsa? Una engañifa, un truco.
Prefiero pensar que Podemos es la gran broma de Pablo Iglesias. Un espejo de cinco millones de votos cuyo objetivo es reflejar las miserias de nuestra sociedad y de cómo los juicios de valor y la ideología nos carcomen desde dentro. Quiero decir, hemos hablado constantemente de Venezuela sin saber situarla en un mapa, hemos descubierto como los partidos tradicionales, supuestamente inconexos, prefieren unirse a compartir poder con un tercero, hemos descubierto a ciertos periodistas de supuesto nivel bajando al barro e inventando mentiras para difamar a los que no piensan como ellos. Una broma con la que hemos aprendido que realmente jamás hemos buscamos un líder con matrículas de honor en su carrera universitaria, con estudios de Máster, que tuviera en su haber un doctorado y dominase, en el caso de Iglesias, tres idiomas.
Yo pensaría que te has pasado, Pablo. Tu broma estaría tremendamente ejecutada pero carece de gracia, ¿sabes por qué? Porque no estamos preparados para darnos cuenta de que preferimos un traje a una camiseta, un pelo engominado a una coleta, una buena imagen a una buena idea. Lo triste no es que no te votemos, no nos gustes o te critiquemos. Lo que es lamentable es que estemos tan cansados de unos que no podamos escuchar a otros. Y si, las malas artes nos continúan afectando. Nos quedamos con los titulares, no contrastamos nada y encima nos creemos todo. En fin, ¿sabes qué? Me alegro de que no me hayas respondido, yo tampoco lo merezco.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.213