En octubre de 1968 se lanzó la primera misión Apolo tripulada, la número 7 del proyecto que acabaría llevando al hombre a la Luna. Menos de un año después, la misión Apolo XI conseguiría que dos astronautas norteamericanos –Armstrong y Aldrin- caminaran sobre la superficie de nuestro satélite. En ambas misiones, como en todas las anteriores del programa Apolo, y en otras de programas anteriores –Mercury y Gémini- participó la estación de Maspalomas.
La estación de Maspalomas surge por la necesidad de la NASA de contar con una red de estaciones de seguimiento que permitiesen el contacto constante con sus misiones espaciales. Dicha red contó con estaciones situadas en Cabo Cañaveral, las Islas Bermudas, un barco en el Atlántico, Maspalomas, África, el Océano Índico, Australia, el Océano Pacífico y el Sur de Estados Unidos. Las cápsulas norteamericanas en ningún momento sobrevolaban la Unión Soviética o China para evitar problemas políticos a la hora de su recuperación en caso de regreso anticipado por imprevisto, han informado en un comunicado.
En 1960 los gobiernos de España y Estados Unidos, representados por el INTA y la NASA respectivamente, firmaron un convenio con dicho fin. Las Islas Canarias se vieron como un emplazamiento idóneo por estar en la misma latitud que Cabo Cañaveral y por la posibilidad, en caso de que se abortara la misión, de poder recoger la cápsula con un dispositivo de la US Navy con apoyo de la Armada española.
La primera ubicación de la estación estuvo 1 kilómetro al norte del Faro de Maspalomas. Ya en febrero del 61, la estación verificó su disponibilidad colaborando en el seguimiento del satélite Explorer IX, fuera del programa oficial Mercury para el que estaba destinada. El vuelo inaugural oficial de los trabajos de la estación fue el Mercury-Atlas 4 (vuelo no tripulado) el 13 de septiembre del 61. Le siguieron otros 6 vuelos Mercury, hasta mayo de 1963. Esa era la fecha inicialmente prevista para terminar el uso de la estación, si bien se contemplaba un procedimiento para ampliar su utilización. De modo que la estación de Maspalomas siguió colaborando en los 10 vuelos tripulados del proyecto Gémini entre 1965 y 1966.
Las funciones de la Estación eran las siguientes:
- Seguimiento de la cápsula mientras se encontraba sobre el horizonte de la estación de modo que se pudiera determinar su posición y la órbita realmente seguida, ya que en aquellos años, dado el estado de la técnica, no eran infrecuentes los fallos que hacían que las cápsulas siguieran órbitas diferentes a las previstas.
- Telemetría.- información sobre el funcionamiento de los distintos sistemas de la cápsula, así como del estado físico del astronauta (temperatura corporal, ritmo de respiración, pulsaciones…). Maspalomas contaba con los receptores de telemetría necesarios para recibir e interpretar esa información. Y en el pupitre principal de la estación había un médico, un ingeniero y un controlador de vuelo que se ocupaban de los diversos datos. La información recibida era tan abundante que se tenía la sensación de estar participando en el propio vuelo, dijo en una ocasión Manuel Bautista, ingeniero aeronáutico y militar que trabajó en la estación y llegó a director del INTA.
- Comunicaciones con la cápsula, de modo que se podía hablar con el astronauta, algo de gran importancia psicológica al paliar el sentimiento de soledad de éste.
- Ayuda en la recuperación de la cápsula.- Aquí, el trabajo de Maspalomas era especialmente importante en caso de que, por algún problema, se provocara su regreso prematuro a tierra, ya que entonces la zona de caída estaba próxima a las Islas Canarias.
Las misiones Mercury (o Mercury-Atlas, por el nombre del cohete propulsor) pasaron, poco a poco, a ser tripuladas. Así, la Mercury 4 (MA-4) llevaba un astronauta mecánico que simulaba al futuro astronauta real. La MA-5 llevó al chimpancé Enos, que fue recuperado sano y salvo, pese a algunos fallos que se produjeron y gracias al buen comportamiento de Enos, que, adiestrado con un sistema de recompensa-castigo (entrega de un plátano o descarga eléctrica, según actuara correctamente o no), hizo correctamente todo su trabajo, pese a recibir más de 70 choques eléctricos por un fallo del sistema. La MA-6 llevó ya al que sería famoso astronauta John Glenn.
Como ha escrito José María Dorado en su libro INTA y el espacio, “esta primera fase de la antigua estación de Maspalomas fue simplemente una operación norteamericana en territorio español”, pero al INTA le sirvió “para ver de cerca los equipos y conocer los procedimientos de trabajo en uso por la NASA en aquellos años”.
Al empezar el nuevo proyecto espacial norteamericano, el Gémini, la estación de Maspalomas necesitó la introducción de algunas modificaciones para mejorar su trabajo. Estas consistieron en la ampliación de los edificios de telemedida y control en unos 1.000 metros cuadrados, y del de la central eléctrica en unos 250, además del cambio de ubicación del radar. El proyecto Gémini constó de diecisete cápsulas (diez tripuladas, dos no tripuladas y cinco automáticas) entre agosto de 1965 y noviembre de 1966. En todos los vuelos participó la estación de Maspalomas.
Apolo, el proyecto más espectacular del siglo XX
Ese mismo año 1966 comenzó el programa Apolo cuya culminación sería la llegada del hombre a la Luna. Para entonces, el desarrollo turístico de la zona hizo aconsejable trasladar la estación desde su ubicación original a la actual, unos 4 km. al noroeste. En ese periodo, ya se incorpora al trabajo personal técnico español, mediante un contrato firmado por el INTA y la NASA en julio del 66. A finales de 1967, con el programa Apolo ya en preparación, hay 25 españoles trabajando en la estación; al año siguiente serían 42 y, más adelante, pasaron de 60.
La estación apoyó a todas las misiones Apolo, las primeras de las cuales no fueron tripuladas. La primera misión tripulada a la que dio soporte fue la citada Apolo 7 en octubre de 1968, hito del que ahora se cumplen 50 años.
Tras la Apolo 7 y las siguientes misiones Apolo, que llegaron hasta 1972, Maspalomas apoyó al proyecto Skylab en 1973-74 y al acoplamiento entre la Apolo y la Soyuz soviética en julio de 1975. Ese año, los Estados Unidos abandonaron la estación, que pasó a manos del INTA. Se reabrió en 1979 tras la firma de un contrato con la ESA para seguimiento de satélites de observación de la Tierra.
Como ha recordado Luis Ruiz de Gopegui, uno de los principales protagonistas españoles de esta aventura espacial, el entrenamiento de aquellos profesionales españoles que trabajaron en el programa Apolo (en Maspalomas y otras estaciones en Madrid) fue largo y complejo, ya que “la era espacial estaba en sus comienzos y los equipos que se utilizaban entonces no eran tan automáticos como lo son ahora y su operación era de gran complejidad y de enorme importancia y trascendencia pues podían dar al traste con la misión entera”.
Al entrenamiento, en las instalaciones de la NASA en Estados Unidos o en las estaciones españolas, le seguían unas simulaciones “durísimas, por la cantidad de modos de operación que se ensayaban y por la rapidez con que era necesario responder a cualquier eventualidad”, dice también Ruiz de Gopegui, que recuerda que en la participación española en el seguimiento y apoyo de las misiones Apolo jamás se produjo ningún fallo que transcendiera. Aquellos trabajos “no eran los más importantes dentro de aquel gran proyecto; sin embargo, eran fundamentales y sin ellos nada hubiera podido hacerse”.
“Creo sinceramente –ha escrito Ruiz de Gopegui a propósito de la participación española en las misiones Apolo- que los que tuvimos la suerte de cooperar en primera línea con la NASA en aquella gran aventura, el proyecto tecnológico más arriesgado y más espectacular del siglo XX, nos debemos sentir orgullosos de haberlo hecho y nunca lo olvidaremos. Sin duda, para la mayoría de nosotros, aquellos momentos fueron los más brillantes de nuestra carrera profesional”.
En cuanto a los astronautas norteamericanos, los del Apolo 11, los primeros que caminaron sobre la Luna, hicieron una gira mundial después de su histórica aventura, cuya primera parada fue en Gran Canaria. Allí, a la pregunta de un periodista sobre la sensación que le produjo pisar la Luna, Neil Armstrong respondió: "Fue algo indescriptible. Es un sitio maravilloso, como Maspalomas. Toda la isla lo es".








Azerius | Sábado, 20 de Octubre de 2018 a las 22:04:22 horas
Pensé siempre que primero, durante el proyecto Gemenis, la estación estaba en Maspaloma, pero la de las misiones Apolo, construida en el año 1967, estaba y está en Arguineguín.
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