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La calle es nuestra

Viernes, 11 de Enero de 2008
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Nada ni nadie tiene derecho a alterar la sana y normal convivencia de una comunidad que, día a día, pone todos sus esfuerzos individuales y colectivos en vivir y alcanzar sus propios objetivos de bienestar sin innecesarios sobresaltos. Ya suficiente daño había sufrido la imagen de nuestra ciudad en episodios cercanos, como para ahora recibir encima esta otra carga de coincidencia negativa que nos vuelve a poner en el candelero informativo general, con epítetos que en nada reflejan la ciudad que en esencia somos. Hoy como ayer me reafirmo en la apuesta que hemos hecho la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de este municipio, para alcanzar esos grandes logros, esas grandes conquistas y sueños que entierren de una vez tanto titular negativo. Hace muchos años alguien de la derecha retrógrada española dijo que la calle le pertenecía en solitario y que aquellos que la reivindicábamos para todos y todas tendríamos que callar o nos callaría. Hoy seguimos luchando, tal vez de otra manera, para que esas calles las podamos disfrutar y transitar sin miedos, todos y todas, adultos y menores, jóvenes y ancianos; para que esas calles, plazas, paseos y parques, jardines y rincones puedan ser para aquello que queríamos entonces que fueran, espacios libres para el encuentro, la diversión y el disfrute o sencillamente el sosiego, la tranquilidad o la intimidad libremente elegida. Todos juntos ayer conquistamos las calles para la libertad y hoy seguiremos defendiendo que nadie nos va a echar de ellas porque haya decidido hacer de las mismas su particular territorio para delinquir, para amedrentar, para sembrar el miedo o simplemente volcar en ellas conductas que socialmente son repudiadas por ciudadanos y ciudadanas de toda condición. Nadie va a conseguir que convirtamos nuestras ciudades en pertrechadas urbes llenas de cámaras de seguridad y vigilancia por acciones que seguirán siendo siempre de una minoría. Nadie va a condenar a vivir a nuestras familias e infancia con miedo a disfrutar de sus espacios de ocio porque ha optado o elegido no adaptarse a vivir en comunidad o al menos intentarlo. Hemos elegido vivir en libertad y en comunidad, por eso es de recibo ir poniendo encima de la mesa, que la defensa de ambas implica ya valientes y inaplazables medidas correctoras donde estemos fallando, decisiones políticas de altura donde se están necesitando, reformular conceptos y retomar valores allí donde ahora pueden haberse troqueado sus esencias. No es de recibo que la libertad que amamos y defendemos la mayoría, sea vapuleada por los malos usos que hacen de la suya algunos insolidarios y antisociales. No es de recibo seguir mirando para otro lado ante situaciones que no nos ayudan a mantener los niveles de convivencia que serían deseables y de obligatorio cumplimiento por todos y todas. Por encima de aquellas diferencias ideológicas que nos separan están aquellas otras referencias en que seguro coincidimos porque son, simplemente, reglas de urbanidad, de educación, de sentido común, del saber estar y mejor entender. El debate debe ir más allá de las medidas de refuerzo policial, para incluir iniciativas de fondo, estructurales, socio-educativas, de modelo filosófico del tipo de sociedad que entre todos y todas hemos construido y tenemos el deber de construir en mejores condiciones aún. Tenemos que redefinir qué falla en la disuasión del delito, en la rehabilitación social de quien se aparta de la conducta normalizada; en qué podemos estar fallando como familia, educadores e incluso como sistema sanitario de base. Queremos recuperar aquellas características de nuestra idiosincracia que hacían de nuestras calles y pueblos lugares tranquilos y apacibles, porque es falso que la modernidad tenga que estar reñida con nuestra manera de ser de siempre. Queremos y debemos recuperar las calles porque son nuestras, de todos y no sólo de unos pocos; son de la libertad y no del libertinaje; son de los que las quieren llenas de alegrías y para el progreso, no tomadas por el miedo o por la hipervigilancia. Entre todos y todas podemos y debemos seguir defendiendo que la calle, es nuestra.
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