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ANTONIO GARZÓN

¿Es efectivo gravar el azúcar y reducirlo en un 10%?

ANTONIO GARZÓN Martes, 29 de Mayo de 2018 Tiempo de lectura:

Canarias es la comunidad española que sufre los mayores índices de obesidad, mostrando comportamientos negativos relacionados con la Nutrición, como un bajo consumo de frutas y verduras y un alto consumo de bollería industrial y refrescos azucarados. Este post, en el Día Nacional de la Nutrición, trata sobre dos medidas que se están discutiendo y aplicando durante los últimos meses para reducir el consumo de azúcar: el impuesto sobre las bebidas azucaradas y el plan de reducción parcial de azúcar, sal y grasas saturadas en varios productos. ¿Gravar el azúcar y reducirlo en un 10% ayudaría sustancialmente a mejorar la salud? Veámoslo:  

El impuesto al azúcar

El Parlamento de Canarias aprobó en febrero una moción de Podemos para solicitar al Gobierno autonómico la implantación de un impuesto sobre las bebidas azucaradas y la bollería industrial, cuya recaudación se destinaría "en un 75% a la prestación sanitaria, el 15% a la investigación en alimentación o salud y el restante 10% a la promoción de la dieta saludable". Dicha moción se fundamenta en las líneas marcadas por la OMS, que señala que la mejor herramienta para luchar contra la obesidad, la diabetes y ciertos tipos de cáncer es la fiscalidad. Es decir, que se pretende reducir el consumo de productos azucarados a través de un mayor precio. ¿Es esto efectivo? Pues hasta el momento no hay aún evidencias claras de ello, aunque algunas regiones o países han aplicado o están aplicando el impuesto:

Dinamarca implantó en el 2011 un impuesto contra el azúcar y su efecto fue que los daneses empezaron a efectuar la compra de estos productos en países vecinos, además de no reducir el consumo. Su fracaso fue tal que en 2013 el impuesto fue eliminado. Otros países, como México, Italia, Reino Unido y Francia implantaron o están implantando medidas similares. En España, Cataluña es la primera comunidad que tiene desde el 1 de mayo del 2017 un impuesto sobre las bebidas azucaradas. El impuesto tiene dos tipos de gravamen, de 8 cts. y de 12 cts. por litro según la cantidad de azúcar de las bebidas, y ha repercutido en una recaudación tributaria de 22,7 millones en Cataluña en 2017. Aún no está claro su efecto sobre los hábitos de consumo, si bien hay algunos estudios que señalan que podría ser importante. En el caso de México, el país que más refrescos per cápita consume del mundo, los estudios oficiales apuntan a que el consumo habría bajado inicialmente sólo un 6% a pesar de la subida fiscal del 2014, pero en los años posteriores podría estar promoviendo un cambio de hábito.

Por otro lado, los detractores del impuesto argumentan que "sólo ha servido para hacer a los ciudadanos más pobres", pues el efecto de la subida fiscal repercute más en las clases bajas que en las medias o altas, ya que dedican un mayor nivel de renta al consumo y suelen adquirir con mayor frecuencia este tipo de productos. En este sentido, resulta contradictorio que sean precisamente los partidos de izquierdas los que estén pidiendo la implantación del impuesto en Canarias, cuando, en primera instancia, los más afectados son las clases más bajas. Esto nos indica que la fiscalidad, al menos de forma aislada, no puede ser la estrategia de la guerra contra el azúcar, máxime cuando detrás se oculta posiblemente un objetivo meramente recaudatorio para la obtención de unos ingresos que se diluirán más en los gastos corrientes que en los objetivos de promoción de nutrición saludable. La guerra contra el azúcar precisa de una estrategia mucho más global, de forma que el consumidor deje de consumir el producto azucarado por convicción y no sólo por el precio.  

Reducción del 10% de azúcar hasta el 2020

En febrero de este año la Agencia Aecosan del Ministerio de Sanidad firmó con el sector de la alimentación el Plan de Colaboración para la Mejora de la composición de los Alimentos y las Bebidas. Según el acuerdo, las empresas fabricadoras de 3500 productos reformularán el contenido de los productos hasta el 2020, reduciendo sus azúcares, grasas saturadas y sal desde un 5% a un 18%. En el caso concreto de las bebidas azucaradas supondrá una reducción de un 10% de azúcar. Si bien todo lo que sea una reducción de sal, azúcar y grasas saturadas en los alimentos va en una dirección más saludable, es cuestionable la efectividad de la medida. Por ejemplo, en el caso de una lata de Coca-Cola (33cl) el contenido de azúcar bajaría 35gr (equivale a 5 sobres de azúcar) a 31,5gr (equivale a 4,5 sobres de azúcar), diferencia que podría apenas notarse. Sólo faltaría que este tipo de productos cambien a denominarse "reducidos en azúcar" o "nuevos productos light" para terminar de confundir al consumidor.

En el fondo no se trata de reducir su carga glucémica, sino de no consumirlo (o hacerlo con menos frecuencia), pero eso no lo oiremos desde la política por los enfrentamientos que supondría con la industria y los puestos de trabajo que están en juego. De ahí que una solución del tipo "reducción del 10% de sustancias nocivas" contente al cargo público y al productor ya que les otorga a ambos la etiqueta de una "gestión saludable". Al consumidor, por contra, no le aporta tanto, si bien la medida contiene algunos factores constructivos si contemplamos la formación nutricional a medio plazo, como por ejemplo la "reeducación del paladar" a niveles inferiores de azúcar y sal, lo cual podría ser considerado como un principio positivo, aunque echo en falta otra reducción de otro 10% en los dos años siguientes y así sucesivamente. En este contexto destaco especialmente la medida del acuerdo de reducir un 50% el contenido de azúcar en los sobres de monodosis en los bares y restaurantes.        

Nutrición como asignatura escolar   

En definitiva, el impuesto al azúcar y las reducciones parciales por parte de los productores pueden ser herramientas útiles, pero inefectivas si se aplican en solitario, pues sería como decirle al consumidor: "como tú no sabes lo que es bueno o malo para ti, ya te lo impongo yo a través del precio o influyendo en la producción". En un principio, dado el bajo nivel generalizado de formación en Nutrición, podría ser necesario "intervenir" en el consumo a través de medidas como las dos comentadas o incluso con la prohibición en las áreas más sensibles, como ya se está haciendo en comedores escolares (por ejemplo, la prohibición en Andalucía a vender refrescos en colegios, a la vez que ofrecer el agua gratis en Restaurantes) o la prohibición en Francia desde enero del 2017 de los dispensadores de autoservicio para bebidas azucaradas en establecimientos hoteleros (p.ej, en hoteles de Todo Incluido), de restauración y educativos.

Sin embargo, estas "intervenciones en el consumo" sólo pueden ser contempladas como medidas iniciales de una estrategia más amplia, cuya pieza principal debe ser ejecutada de forma paralela: una formación integral en Nutrición que tenga como objetivo que a medio/largo plazo el consumidor esté en situación de valorar un alimento y alimentarse saludablemente por sí solo, es decir, "ser su propio nutricionista". Para ello ya se están dando pasos muy positivos con medidas formativas en edad temprana de los niños, como por ejemplo el Plan de consumo de frutas y verduras que ya se encuentra en su tercera edición en Canarias. No obstante, el problema requiere de una solución formativa más amplia, como sería la incorporación de una asignatura independiente de Nutrición en el currículo escolar, la cual se estudie de forma longitudinal (durante todo el año) y no de forma transversal dentro de otras asignaturas como un temario puntual. Sólo así se garantizaría que el alumno adquiriese los conocimientos necesarios.

En conclusión, un impuesto al azúcar y una reducción del 10% del contenido en azúcar podrían ser insuficiente con vistas a una mejora nutricional generalizada si se ejecutan de forma aislada, cuyo fondo estaría más bien encuadrado en un objetivo meramente recaudatorio o la auto-promoción política con una "etiqueta saludable". Ambas medidas sólo tendrían un sentido nutricional, ayudando a salir del actual estado de emergencia sanitaria por Nutrición inadecuada, si van encuadradas en una estrategia más global que incluya, entre otras medidas, la creación de una asignatura independiente de Nutrición en las escuelas.  

www.antoniogarzon.com

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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