La virtud y la justicia
La virtud en un sentido más general, es la capacidad humana para realizar un propósito o cometido. Etimológicamente esta es la definición, pero desde el punto de vista de la Ética, su significado varía ostensiblemente. Y la identifica como la disposición adquirida que inclina a obrar bien en el sentido moral.
En la Ética a Nicómaco, Aristóteles caracterizó la virtud como el "hábito por el cual el hombre se hace bueno y por el cual realiza su función propia". Las éticas materiales, de bienes o teológicas, consideran que la virtud es un medio para alcanzar los fines morales propuestos.
Kant propuso una ética deontológica que se despreocupaba de virtudes concretas para incidir en la virtud de la moralidad, consistente en algo -incondicionalmente bueno-, la voluntad que actúa como legisladora autónoma universal, simplemente por deber.
La Justicia interpretada éticamente, se considera como la virtud que tiende a dar cada uno lo que le corresponde. También se entiende como el conjunto de las virtudes que hacen hombre bueno a quien las practica, o virtud global que implica todas las otras virtudes morales particulares.
Esta visión de la justicia se remonta a los filósofos griegos de la antigüedad, Sócrates con su doctrina de la virtud como saber, y Platón, con su visión antropológica de la sociedad, que es justa del mismo modo que un hombre se hace justo --por el equilibrio de las virtudes de la templanza, la valentía y la prudencia--.
La virtud y la justicia son dos conceptos que comparten un camino común, en pos de la honorabilidad y honestidad del hombre, algo tan depreciado últimamente por la forma de actuar de los humanos, que buscan en la maldad unos puntos de convergencia, donde delinquir es la premisa fundamental que define a estos seres desvirtuados, a los cuales la Justicia no trata con igual vara de medir a la hora de juzgarlos y sentenciarlos, algo que está generando un enorme malestar en la sociedad española.
Los delitos que más han proliferado en España últimamente, son muchos, pero todos caben bajo el paraguas de la "corrupción", que es con creces el "pecado capital nacional", ya que su práctica es semejante a una pirámide invertida, donde de más a menos, según el status que representa el hombre dentro de ese organigrama, se inicia ese peregrinar infame, donde como dice los murcianos, “afanar” cuanto más se pueda mejor. O para decirlo de una forma más expresiva, --a mayor representatividad más facilidad para coger--. La Justicia está totalmente vulgarizada, la concomitancia que debiera existir entre el ministerio público y la judicatura, se ha ido deteriorando, posiblemente por cuestiones personales generados dentro de sus propios ámbitos.
Aquellas prosaicas definiciones de "jueces estrellas", que especialmente hizo mella en Baltasar Garzón, que se endioso de tal manera que ya no juzgaba, sino "pontificaba", desde el estrado que ocupaba en los palacios de Justicia, creyéndose poco menos que era el Sumo Hacedor de la Justicia, la Ley y el Orden y que con su dubitable sapiencia, creía que sus apreciaciones jurídicas eran infalibles, algo que juntamente a su ambición desmesurada, le llevo inmiscuirse en un procedimiento que no le atañía, lo que motivo lo separaran…… o “expulsaran” de la carrera judicial.
Ahora y debido a este timorato comportamiento de quienes nos gobiernan, ha surgido un nuevo delito del que pienso que ninguno de los representantes gubernamentales se van a “ir de rósitas”, y es la falsificación de títulos académicos, y de master que tienen como fin la ampliación de los conocimientos de los titulados o “falsos titulados”, que día a día surgen con más virulencia dentro de los estamentos universitarios, y que de momento se circunscriben a la Universidad Rey Juan Carlo Primero. Se sabía que unos centros superiores mercadeaban con la venta de titulaciones, incluso a los potenciales titulados, se les apañaba unos expediente académico inexistente.
Ha llegado el momento que muchos de los que presumen, en algunos casos de poseer títulos, tengan que dar cuenta donde fueron expedidos los mismos, ya que según parece la mayoría de los que lo acreditan “falsamente” no han visto en su vida un centro de estas característica ni tan siquiera por fuera. El affaire Cifuentes ha traído una verdadera razias donde las titulaciones falsas emergen por doquier, especialmente las que forman parte de las enseñanzas “humanísticas”, ya que de hacerlos con las relacionadas con las técnicas generarían una verdadera debacle.
La virtud y la Justicia es supuestamente un concepto que debe revestir a todas las personas de bien, no obstante están surgiendo una serie de circunstancias que contradicen los significados éticos y estéticos de tan sublimes palabras, que por mor del pecado capital de la “avaricia”, han roto el verdadero contenido de las mismas, donde las personas practican con total insensibilidad lo impúdico, convirtiendo la delincuencia en el simbolo que lamentablemente define a las instituciones, por muy alta que la misma figure en el ranking que la acredita, dentro el entorno europeo con respecto al resto de los países que conforman la unión.
Es lógico y natural que cuando se nombre a España en cualquier foro, se apostille “el país de la corrupción”, y es algo que tenemos que aceptar abochornados y avergonzados pero reconociendo que es la triste realidad.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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