La profesión de político
La controversia en torno a los másteres ha propiciado, entre otras cosas, que la atención pública se centre en el currículum de los políticos para verificar tanto su autenticidad como, en última instancia, su adecuación para el desempeño de sus cargos.
El tema de los currículos falsos no es nada nuevo, siendo uno de los más sonados el del socialista Luis Roldán, que se empeñó en cubrir su pobreza formativa a base de sumar títulos universitarios inexistentes. Tras el Bachillerato y muerto Franco, aparcó los estudios, se alistó en el PSOE y empezó a vivir de la política con rapidez y excesiva holgura. Su currículum engordaba con vida propia a medida que iba subiendo peldaños en el escalafón, llegándose a adjudicar una licenciatura en Empresariales, una Ingeniería y un máster en Economía, pese a que no había obtenido título en universidad alguna.
A lo largo de los años, una nutrida lista de cargos públicos se ha visto salpicada de currículos falseados, como Elena Valenciano, que de empleada rasa, cuando fue eurodiputada, entre los años 1999 y 2008, la web del Parlamento Europeo la presentaba como licenciada en Derecho y en Políticas, pese a que en realidad no tenía acabada ninguna de las dos. Por su parte, Leire Pajín, que llegó a ministra con Zapatero, que sí tenía una licenciatura en Sociología, para dar pompa al hecho circunstancial de que fue representante en los órganos de dirección por razones de cuota en sus años de alumna, en su currículum se presentó como si hubiera formado parte del equipo rector de la «Facultad de Empresariales y Sociología». El problema es que esa facultad, con ese nombre, no existía. El valenciano Bernat Soria, al que Zapatero también nombró ministro, tuvo que explicarse igualmente cuando se denunció que había inflado el currículum con méritos que o bien no tenía o no alcanzaban el nivel con el que se exhibían sobre el papel.
Tomás Burgos, del PP, secretario de Estado de la Seguridad Social, tras convertirse en diputado nacional en los años 90, en su currículum apareció una licenciatura en Medicina que no tenía El actual líder del PP andaluz, José Manuel Moreno Bonilla, también se vio envuelto en la polémica por la metamorfosis de su currículum, en el que iban y venían los títulos en sospechoso vaivén hasta que en el año 2012 figuró la titulación definitiva: licenciatura en protocolo y Organización de Eventos por la Universidad Camilo José Cela y un curso de Dirección y Administración de Empresas
Podemos tampoco es ajeno a la falsedad en el currículum como el de su diputado en el Parlamento gallego Juan José Merlo que aparecía como ingeniero sin haber terminado la carrera. Los nacionalistas vascos acumulan particulares casos de falsedad curricular, como ocurrió en el PNV con José Egibar que se presentaba como Licenciado en Derecho sin haber terminado la carrera. Tampoco escasean los ejemplos en el independentismo catalán, como son los casos de Pilar Rahola, diputada de ERC en el Congreso que aparecía en su currículum como doctora en Filología Hispánica y en Filología Catalana, cuando en realidad no pasaba de licenciada. La nacionalista Joana Ortega, que fue vicepresidenta en la Generalitat, fue pillada en falsedad curricular: aparecía como licenciada en Psicología cuando le faltaban varias asignaturas.
Más allá de la falsificación o no de títulos y la extendida práctica de hinchar o, directamente, inventarse ciertos estudios para colgarse méritos que no les corresponden, resulta preocupante el déficit laboral que, salvo excepciones, presenta la clase política, con un estrecho y monocromático perfil profesional pues casi todos son funcionarios y militantes que lograron ascender dentro del organigrama de sus partidos, constituyendo así una triste paradoja, ya que, en primer lugar, no es un fiel reflejo de la sociedad a la que representan, donde el peso del sector privado es muy superior al del público y no al revés, tal y como sucede en el Congreso, pero, sobre todo, porque ignoran cómo es el día a día de millones de españoles.
Legislan sin haber tenido contacto alguno con el mundo de los autónomos y la empresa, el auténtico motor de la economía, con todo lo que ello supone en cuanto a desconocimiento y desapego de la realidad. Además, el hecho de no haber ejercido ninguna otra profesión explica, en gran medida, el continuo empeño de muchos de ellos por aferrarse al cargo a toda costa, debido a la ausencia de expectativas laborales fuera de la vida pública. Resulta muy difícil que empresarios o trabajadores cualificados del sector privado renuncien a su posición económica para dedicarse a la política, donde se verán sometidos al exigente examen público. Esto podría ser una de las razones de esta particular carencia. Pero otros países lo han logrado y por ello habría que conseguir que en España hubiera menos políticos profesionales y más profesionales que quieran ser políticos.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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