Casi todos realizamos una especie de balance sobre nuestros logros personales a lo largo del año, lo que hemos dejado de conseguir y sus causas. También elaboramos una lista de nuevos proyectos y planes para el futuro inmediato, propósitos de la enmienda y deseos de no caer en las mismas tentaciones y anhelo por reorientar nuestra vida.
Nuestra voluntad, las condiciones apropiadas, y, a veces, el destino, o la casualidad, permiten que esas ilusiones se conviertan en realidad. Y si no se cumplen se lo achacamos a la mala suerte.
Hoy se habla mucho de los mileuristas y consideramos que son desafortunados. Pero pensemos también que existen miles de jóvenes, de adultos y pensionistas de esta tierra, que ni siquiera alcanzan los mil euros, ni poseen un trabajo estable (si es que lo tienen), y su vida si que se convierte en una auténtica tragedia, porque con lo que ganan apenas les de para sobrevivir. Me supongo que para ellos será una frustración no poder acceder a las atentaciones que nos ofrece el consumismo de estas fechas, y algunos ni siquiera se plantean pensarlo.
Nos hemos introducido en el camino del euro sin que los que tienen algo que vender, o comprar, se hayan percatado que, por poner un ejemplo, lo que antes valía cien pesetas, ahora vale un euro, o un poco más, o sea, casi el doble, o sin casi. Indudablemente hemos perdido poder adquisitivo. Somos más pobres y quizás todo ello ha influido en la redacción del consumismo, como anuncian lo que tienen algo que vender.
De todas formas, siempre habrá alguien que se echa en la boca más de lo que puede tragarse, y aparentemente, algunos consiguen salir adelante, aunque esté endeudado hasta las cejas.
También, los que nos colaron en la Unión Europea, lo hicieron sin haber conseguido una previa homologación no sólo en términos económicos, sino también en otros aspectos importantes como la organización y estructuración política, en la jurisprudencia, en la tolerancia y en lo que es la defensa de los valores democráticos. No se entiende en muchas partes de Europa la falta de respeto a las leyes y a las normas y que encima se diga que "el que hace la ley, hace la trampa". La ley está para cumplirla y que la infringe, debe ser castigado. Sea quien sea.
La homologación en sueldos, comparados con los países más desarrollados de la Comunidad Económica Europea, era necesaria. Nuestros salarios mínimos y pensiones, en contraste con los de esas naciones, nos sitúa en el límite de la pobreza y nos convierte en una país de segundo o tercer orden. La cesta de la compra en Canarias es una de las más altas de España, e incluso de la Europa comunitaria.
Alarma la cantidad de gente de estas islas que pasa al grupo de los menos beneficiados, que incremente la bolsa de pobreza, de marginación y desarraigo, que tratan de sobrevivir recurriendo a los comedores de le beneficencia, de Cáritas, o a la bondad de amigos o familiares.
En contraste, observamos que se ha creado en estas islas una nueva clase que utiliza un sistema rápido para solucionar su problema económico y de escala social. Me refiero a los que se han metido a alcaldes, concejales, consejeros, asesores, directores generales, etc. sin tener una mínima preparación, en la mayoría de los casos, pero que saben que eso no importa a la hora de medrar. Tampoco importa que se tengan pocos escrúpulos. Conste que no generalizo, porque sé (todos lo sabemos) que existen políticos escrupulosos, honrados, serios y que intentan resolver los problemas de los ciudadanos. Si no los resuelven es porque a veces el sistema que impera se lo impide. Existe otra subclase social que se beneficia del amiguismo, de los enchufes, del nepotismos y de situaciones privilegiadas para provecho propio.
Escandaliza que, en un contexto en el que lo que domina es la precariedad y la pobreza, estos personajes metidos en la parafernalia política, disfruten de unos grandes sueldos que, comparados con los de la mayoría de la población suponen un auténtico insulto y una inmoralidad. Hay por ahí directores generales, o asesores que ganan más que el propio presidente autonómico, o del país.
Además, Canarias se ha convertido en un terreno abonado al pelotazo, a las ilegalidades, al nepotismo, etc. que es promovido por una serie de personajes mediocres y ambiciosos incapaces de engendrar buenas ideas o proyectos para sacar a estas islas del marasmo en que se encuentran, o solucionar los problemas más perentorios que nos afectan.
Ojalá nos pongamos todos a trabajar para cambiar esta situación y reorientar la vida política. O terminaremos casi todos vendiendo kleenex en los semáforos. Mi deseo es que los deseos de felicidad y prosperidad duren todo el año, y si es posible, toda la vida., y no para una Navidad y una fecha concreta.








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