VIVIENDO EN SAN BORONDÓN
El bono escolar
Ahora se vuelve por enésima vez a hablar de un gran pacto por la educación.
Desde que existen los partidos políticos en España, han intentado controlar en su propio beneficio, sin interesarles lo más mínimo el interés de los estudiantes, dos cosas. De un lado los contenidos formativos, en aras a conseguir un mejor y más eficaz adoctrinamiento en su ideario e intereses partidistas, tarea a la que se ha dedicado con gran esmero la autodenominada izquierda progresista, sobre todo el PSOE, con el auxilio de la rendición preventiva del PP, poco interesado en mantener sus principios. Lo segundo ha sido la remuneración creciente y sin contrapartida del profesorado, pieza fundamental para conseguir el primer objetivo, y que es el fondo de saco en el que acaban confluyendo casi todos los incrementos presupuestarios dedicados, decían, a mejorar la educación.
Ahora se vuelve por enésima vez a hablar de un gran pacto por la educación. Y para abonar el terreno, en el XVIII Congreso del PP, de fervorín Rajoyista lo califican los observadores, se elude el debate de fondo y se rechaza la enmienda presentada por Esperanza Aguirre para considerar la introducción del llamado bono escolar, idea que en su día propusieron Milton y Rose Friedman en su magnífico y lúcido libro “Libertad de elegir” (1980) y que lleva funcionando más de veinte años en Suecia, por ejemplo, con gran éxito.
No es una cesión menor, pues la herramienta que es el bono escolar, probablemente sea la mejor forma de garantizar la libre elección de centros educativos y, por ende, materializar el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos frente a la “escuela pública, única y laica” que quiere la izquierda, vulnerando el Artículo 13.3 de la Carta de los DDHH: “los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, de escoger para sus hijos o pupilos escuelas distintas de las creadas por las autoridades públicas, siempre que aquéllas satisfagan las normas mínimas que el Estado prescriba o apruebe en materia de enseñanza, y de hacer que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Renunciar pues a esta libertad de los padres, a mi entender, es plegarse a un relativismo (in)moral que renuncia a principios y derechos humanos básicos para no ser percibidos como un partido antipático, con el que nadie quiere pactar y miedoso de perder aún más un buen número de sueldos públicos para sus propios políticos profesionales.
Y como la realidad del inanismo en los razonamientos de muchos de los ponentes en los congresos políticos se supera en cada nueva oportunidad, en este caso el encargado de batir el récord fue el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, argumentando que en su autonomía “el 40 por ciento de los padres no se plantea el derecho a elegir centro porque en el medio rural no hay centros privados”. Y como allí no hay dónde elegir, que nadie elija. Con ese mismo peregrino argumento, que ofende al más elemental sentido común, es de suponer que también se opondrá a la libre elección de médico, dado que posiblemente en la mayor parte del medio rural habrá sólo un centro de salud al que acudir... ¡Ejj qué!, apostillaría el anterior presidente de la otra Castilla.
Y como no una sin dos, Herrera afirma sin sonrojarse que “lo que necesitan saber [sus votantes] es que el PP garantiza la calidad en la enseñanza publica”. Olvida dos cosillas don Juan Vicente. Una es que el PP no está en condición, ni lo pretende, de garantizar nada, pues ya está cediendo en lo esencial, que es la libertad de educación en favor del modelo único y totalitario. La segunda cosa que olvida es que la mejor forma de garantizar la calidad de casi cualquier cosa, es introducir la libre competencia, en este caso facilitar que los padres puedan elegir el centro que estimen mejor en función de unos ranking de calidad que debieran existir. Pero a esto se niegan los sindicatos para que no exista la posibilidad de control sobre su actividad y resultados docentes. ¡Con la izquierda hemos topado, amigo Rajoy!
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.






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