El vodevil de Más y Puigdemont
Artur Más, un político en franca decadencia, que se quiere convertir en él adalid, de la nueva revolución catalana
Lo que ocurrió durante la mañana del martes ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, fue una comedia de argumento intranscendente, divertida y algo picante, un verdadero "vodevil", cuyos protagonistas, envalentonados y alentados, por una masa enfebrecida y cargada de odio hacía todo lo español, Artur Más, un político en franca decadencia, que se quiere convertir en él adalid, de la nueva revolución catalana y en él líder del independentismo ilustrado, de un trozo de España desobedeciendo las leyes, saltándose a la torera a la propia constitución y, su homónimo, en la actualidad presidente de la Generalitat, Carles….. Puigdemont, -ex alcalde de Gerona-, un personaje oscuro al menos en la política de altura, que quiere emular a sus antecesores, vulnerando los preceptos legales, que rigen los designios de la unidad inalterable de España, apelando a toda clase de ignominiosos subterfugios totalmente dubitables e inexistentes en la legislación actual española.
Artur Más es consciente que no pasara a la historia por haber sido presidente de la Generalitat. El reconoce que su labor al frente de la misma ha sido nefasta, y que en su actuación como tal, ha llevado a Cataluña, a la ruina política, social, cultural y especialmente a la económica, ya que sus devaneos misogenos, -endiosamiento, egolatrico, eufemístico-, y las ansias de grandeza que siempre lo han acreditado. Le han hecho gastar inmensas cantidades de dinero de la caja de la Generalitat, para alzarse, como el único protagonista de un excecrable contubernio, y lo único que ha conseguido es degradarse aún más.
Más en sus comparecencias acredita una inexistente espontaneidad, sus posados son ridículos y altaneros, se erige ante las cámaras como si fuera un dios mitológico, que espera la llegada del pintor de turno para que le haga un cuadro digno, y así figurar en las galerías del Museo de Louvre. Él sabe que nada de esto va a conseguir y, por lo tanto no quiere refugiarse en su cuartel de invierno, sabiendo que su corta y ridícula historia política ha terminado, lo que lo ha llevado a perpetrarse en algo de momento inverosímil, luchando denodadamente por erigirse en el mártir de la causa independentista.
La democracia se instauro en España con la muerte de Franco, para que la misma fuera “veraz”, se legalizaron los partidos políticos así como los sindicatos, que estuvieron proscritos durante la Dictadura, lo que generó el regreso de muchos españoles que se habían exiliados, algunos de estos que retornaron no fueron muy bien vistos, (como por ejemplo los de Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri), sin embargo el regreso de, Josep Tarradellas, significó todo un acontecimiento, este político español nacido en 1899, en Cervelló, (Barcelona), que fue miembro fundador de la Federación Democrática Nacionalista y de la Juventud de la Falc, Secretario General de Esquerra Republicana de Cataluña, y otros cargos políticos más.
En 1936 asumió la presidencia del Consell de la Generalitat, en 1939 se exilió a Francia. Tras la muerte de Franco, Tarradellas acordó con Adolfo Suarez el restablecimiento de la Generalitat como órgano autonómico catalán (1977), y presidió el gobierno, consiguió el traspasó de algunas competencias a la futura comunidad autónoma. Se retiró de la vida política en 1980, falleciendo en 1988 en Barcelona. Son muchos los politólogos que han manifestado, que el honorable José Tarradellas, ha sido el mejor presidente de la Generalitat, en esta su segunda etapa.
Josep Tarradellas, fue un personaje honesto y honrado a carta cabal, el trato de –muy honorable señor- que le correspondía por ser presidente de la Generalitat, lo ostentaba por partida doble, ya que como persona de intachable conducta, mereció el citado trato incluso en el ámbito personal. Algo de lo que nunca podrán presumir estos actuales personajes, que han accedido a tan alto cargo improcedentemente, llámense, Pujol, Más o Puigdemont.
El gobierno español, deberá tener mucho cuidado, así como la justicia a la hora de sancionarlo, ya que como he manifestado el busca por todos los medios convertirse en mártir o en un héroe, aunque sea de una causa perdida, con tal de figurar en la historia de Cataluña, que es lo que pretende, inmortalizarse, a modo y manera de George Washington en EE.UU, José Martí en Cuba, Bolívar, Sucre y San Martín en Sud américa, seamos cautos y no le demos la oportunidad de que así suceda.
Mientras Puigdemont, que es un pobre hombre, se encuentra en medio de toda esta vorágine, sin saber qué hacer, convertido en una marioneta en manos de Junquera de ERC, y de la CUP.
Pienso que el gobierno tiene en sus manos medios suficientes para darle un escarmiento a estos insurgentes, como es anular la Generalitat apelando para ello a la Carta Magna, aunque sea de manera provisional, hasta que estas apetencias desordenadas de cuatro políticos inadecuados, acaben por esfumarse en el aire.
Otro sinuoso y arrogante sujeto imbuido en algo tan excecrable, como es romper la unidad de España, es el señor Homs, el típico segundón, que lo único que hace es obedecer de manera sumisa, cuanto le ordena el inepto de Más. “España es y será siempre una unidad de destino en lo universal”, así lo manifestó hace algunos años un político-filosofo, en sus Obras Completas.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.






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