Lorenzo Olarte Cullen (·).- Decíamos hace unos días que en Gran Canaria, hace casi medio siglo, pese al angustioso problema de la escasez para su suministro a las poblaciones, nunca fue de recibo para nadie, ni siquiera para los ciudadanos que imperiosamente la necesitaban, la solución de quitarle al campo "su" agua, obtenida en nuestra isla fundamentalmente desde los pozos en unión de la que, aunque en cuantía mas bien escasa, provenía de nuestras presas cuando la había?
En aquel entonces abrigábamos ilusionadamente la posibilidad de que merced al factor turístico se fortaleciera nuestra débil economía, ya que estaban haciendo irrupción las visitas de "rubios" que se trasladaban a nuestras latitudes buscando en el sol y la playa el lenitivo a la dureza de sus fríos y oscuros inviernos. Se iniciaba, pues, el llamado "turismo de masas" con frenética actividad de los turoperadores que apoyándose en la modernización operada en la aviación civil elaboraban paquetes turísticos con destino a Canarias fundamentalmente desde Escandinavia, especialmente suecos y daneses, al igual que desde el Reino Unido y Alemania y por supuesto españoles, si bien éstos tan solo en verano, no en busca de vacaciones sino atraídos por aquel "shopping" en virtud del cual podían cargar sus maletas con productos adquiridos a precios sensiblemente inferiores a los que corrían en el país, merced a nuestro puertofranquismo: tabaco, whisky y aparatos electrónicos asiáticos.
Y el turismo se hizo una realidad. Pero para ello -jamás nos deberíamos olvidar de tal factor tan determinante para el éxito- fue absolutamente preciso garantizar el suministro de agua potable a nuestros visitantes, según las exigencias del mundo moderno. Sin cortes, restricciones ni limitaciones de ningún género. Con la normalidad de sus lugares de procedencia. Porque pensar en el turismo sin la posibilidad de ofrecer tal garantía habría sido una entelequia.
Fuímos capaces de solucionar el problema gracias a la visión de aquellos próceres que tomaron la acertada decisión política de llevar a cabo la instalación de lo que llamamos "potabilizadoras" acometiéndose sin vacilar la ejecución material de sus proyectos. Gracias a ellos hoy los canarios tenemos el derecho y además el privilegio de poder presumir ante el mundo entero, en relación con la solución política encontrada hace tantos años, para poder superar la mas que preocupante escasez del líquido elemento, optando por la implantación de tal tecnología que hoy, al haberse modernizado de forma tan importante, no solo se ha consolidado irreversiblemente, sin perjuicio de los avances tecnológicos que en el futuro se puedan producir, sino que incluso hoy, en virtud de los avances operados con tal modernización, incluso el agua "fabricada" resulta extraordinariamente mas barata que la que se producía antaño. Tecnología ésta, la de las desalinizadoras, que producen diariamente en las islas casi medio millón de metros cúbicos de agua, en unión de la de las depuradoras, han permitido tanto un abastecimiento impecable a la población como el riego de múltiples zonas verdes y rurales, lo que nos ha permitido entre otras cosas conseguir que el turismo haya podido crecer y consolidarse constituyendo para nosotros algo así como "la gallina de los huevos de oro".
¿Qué habría sido de nosotros de no haber optado por la desalinización?
Por eso, aprovechando mi presencia en la primera Conferencia Internacional celebrada en la moderna ciudad china de Xiamen, hace dos años, sobre los problemas de las ciudades marítimas, de lo que ya me he ocupado en un anterior artículo en este mismo diario, no solo traté de que el mundo asiático profundizara en el conocimiento de "lo nuestro", que ignoraba totalmente, sino que la FICC, fundación que tengo el honor de presidir, lograra provocar múltiples desplazamientos a nuestras islas por parte de importantes personalidades que ahora ya nos conocen, e incluso nos respetan, tras haber podido analizar "in situ" las peculiaridades sociales, culturales, geográficas, climáticas e incluso económicas y fiscales de un paraíso llamado Canarias.
Soy consciente de haber sido uno de los primeros isleños en haber intuido las inmensas posibilidades económicas que nos puede deparar una estrecha e intensa relación con aquel atractivo mundo. Lo puedo decir humildemente creyendo tener autoridad moral suficiente para ello. Y reconozco haberme dejado la piel en el intento. No preciso de reconocimiento alguno por la realización de un trabajo, tan apasionante como agotador, pero que, como simple canario que lleva mas de un cuarto de siglo trabajando por su pueblo, estaba obligado a realizar. Me conformo con que muchos, mas de la cuenta, que no suelen reconocer jamás nada de nada a nadie, hayan dejado de considerarme un "iluminado".
En la Legislatura anterior parece que tal fue el concepto que merecí a alguna relevante personalidad política, salvo algunas excepciones personales escasísimas y aisladas. Se ignoró a la Fundación que represento, despreciando las posibilidades que podía aportar en beneficio de las islas. Al fin y al cabo son las mezquindades de una Política en la que, por fortuna, ya no estoy ni estaré en activo. Sin embargo, y lo digo ilusionadamente, hoy, por el contrario, en esta nueva Legislatura recién iniciada parece que tirios y troyanos coinciden en la importancia de no volver la espalda a la realidad asiática en la que, después de China, vendrá la India.
Ya era hora de ir pensando previsoramente en ello.
(·) Ex Presidente de la Comunidad Autónoma de Canarias








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