“El fascista Felipe González”
Ni en sus peores sueños Felipe González imaginó que le iban a llamar fascista en una manifestación estudiantil
Ni en sus peores sueños Felipe González imaginó que le iban a llamar fascista en una manifestación estudiantil que evitó su intervención y la de Juan Luis Cebrián en la Universidad Autónoma de Madrid. Un incidente que Pablo Iglesias ha calificado de salud democrática. El líder de Podemos ha decidido recuperar la nostalgia de las calles y salir del Parlamento para intentar adoctrinar a la gente con sus propias directrices a través de unos radicales que han emprendido su propia ley mordaza intimidando con la algarabía de la intolerancia y la amenaza.
Iglesias ha visto frustrado su deseo de seducir a Pedro Sánchez y lograr así gobernar y ha emprendido una política de motines que él considera que refuerzan la democracia porque otorgan una especie de derecho natural que sobrepasa las garantías del Estado. Esta es la razón por la que se deslegitima la autoridad de las instituciones y se recela de la policía.
Aparte de esa frustración está la de que sus decisiones estratégicas como la absorción de IU, la purga de Errejon y la agresividad al PSOE, han supuesto un retroceso político de Podemos en las urnas, que es donde la gente realmente se expresa y en donde se sustenta el concepto fundamental de la democracia representativa y en la que este agitador de masas ha dejado de creer porque no le conviene ya que aspira a ser el caudillo de la resurrección del movimiento de los indignados. Pretende erigirse en portavoz de la incredulidad ciudadana, dividiendo la sociedad entre buenos y malos, pero, sobre todo, afinando su papel del líder de la oposición intentando apartar de esa función al Partido Socialista
Decir que lo ocurrido en la Universidad Autónoma es salud democrática es avalar la violencia, la demagogia y el populismo que están en el cromosoma de Pablo Iglesias y de Podemos que quieren la agitación en la calle y que sus deseos sean interpretados como órdenes por todos los ultras que utilizan la violencia y la intimidación para luego decir que sólo se trató de una protesta estudiantil.
Es extraño y preocupante que los líderes de Podemos, la mayoría de ellos politólogos, y no pocos profesores, sigan sin entender cuáles son las reglas básicas de la democracia de la que todos buscan servirse para llegar al poder y luego desbordarla y vaciarla de contenido. Pablo Iglesias y los suyos, en lugar de condenar los hechos con rotundidad y desvincularse de ellos, acusan a los perseguidos de habérselo buscado con sus provocaciones. En todos los manuales de los reventadores de la libertad está el culpabilizar a las víctimas. Si el líder de Podemos busca el poder con vándalos encapuchados acabará mal, muy mal. Él lo sabe y por eso está nervioso y está poniendo al descubierto su verdadera cara con lo que está logrando que, poco a poco, aquellos medios de comunicación que le dieron cancha donde exponer su verborrea populista cargada de odio y rencor, le vayan dando la espalda porque están descubriendo que es un peligro hasta para su propio partido al que puede destruir como casi ha hecho con el PSOE y con Izquierda Unida a la que ha diluido en medio de la nada.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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