De hecho, es preocupante leer las declaraciones de Sebastián Grisaleña cuando dice:
“Yo le pido a los partidos que haya consenso, que dialoguen, porque los empresarios no vamos a permitir que jueguen con el futuro del Puerto. Los intereses de partido, que se queden a un lado. Ya está bien de tanta discrepancia, que estamos dando una imagen horrorosa a los ciudadanos.”
Estas palabras podrían aumentar la evidencia de que la lucha por el poder entre los diversos grupos es un hecho.
Aceptamos que si bien el empresario tiene legítimo derecho a posicionarse mejor sobre otros empresarios, para aumentar el futuro de su propio negocio, nos habría gustado poder pensar que el empresariado cuando intentara gestionar el Puerto de Las Palmas, no lo viera como Negocio, sino el medio para servir mejor a la Sociedad.
Los nuevos responsables del Puerto de Las Palmas, como Ente público, deberían estar motivados para trabajar y planificar el desarrollo económico de nuestras Islas, mejorar la economía y situación de todos, y no únicamente la del sector de empresas que representan y dirigen.
El Ente Publico del Puerto de Las Palmas, debería ser el vínculo para servir y mejorar las Islas, con los mejores candidatos, independientemente que fueran empresarios o ejecutivos, pero lo más preparados, y honrados.
Nos quedamos con la duda de que la lucha encarnizada podría servir para que una parte del empresariado sea mas fuerte, y que otra parte del empresariado sea mas débil, lo que representaría que una parte del empresariado será mas potente y rico, y el resto, dada la competencia interna, mas pobre y dócil.
El hecho que toda esta historia negra haya trascendido al público, de forma tan fácil, parecería poco inteligente. Aunque nos quedamos con la duda de si las informaciones que han llegado a la prensa de forma tan rápida, fue planificado, como otra arma permitida en la lucha.
Por otra parte, la evidente desunión existente entre los empresarios es la situación menos apropiada para hacerla pública en una época de crisis como la actual. La falta de ética, la falta de liderazgo, la inexistencia de respeto mutuo, y la guerra con vencedores y vencidos, debería haberse quedado dentro de los despachos
El ciudadano no necesita conocer estas situaciones. Necesita tener esperanza de que alguien se preocupe de disipar la crisis que nos envuelve, como si fuera la peor calima de la historia.
Es de agradecer que nuestro Presidente del Gobierno de Canarias pidiera “sensatez y sentido común a los representantes de todos los sectores”.








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