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CRISTOBAL D. PEÑATE

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Donde dije Celia

CRISTOBAL D. PEÑATE Ver comentarios 2 Jueves, 21 de Enero de 2016 Tiempo de lectura:

Villalobos, que tiene más trienios que Matusalén en la cosa pública, debería dejar paso a otra gente más decente que no se aburra tanto en las Cortes...

Los que armaron la marimorena por las reinas magas se callaron cuando el papa introdujo a una chica entre los reyes magos que participaron en la misa de año nuevo. La derechona (no confundir con la derecha) funciona así: si algo lo hace la izquierda está muy mal pero si lo dice el papa hay que celebrarlo porque para el nacionalcatolicismo es infalible, algo que no se cree el propio Francisco, que es un hombre humilde a pesar de ser argentino.

Cuando Carolina Bescansa, diputada de Podemos, llevó a su hijo de cinco meses al acto de constitución del Congreso le llovieron chuzos hasta en el carné de identidad por parte de la misma derechona de antes, esa que se priva con Jimenez Losantos y con el gato de 13 TV, la cadena televisiva de la Conferencia Episcopal española tan distante del papa.

Sin embargo, la primera parlamentaria que llevó y amamantó a su hijo en las Cortes en la década de los 80 era del PP, según puede comprobarse en la hemeroteca y ha reconocido hasta el propio Francisco Marhuenda, director de La Razón y nada sospechoso de ser izquierdista. De hecho él se define como católico de derechas, como si se pudiera ser las dos cosas a la vez. Ahí está el papa para desmentirlo. Y la segunda diputada que llevó a su hijo al Congreso era del PSOE. Lo que pasa es que los de siempre no tienen memoria. O la tienen, pero muy selectiva. Histórica, desde luego que no.

Alberto Rodríguez, el nuevo diputado tinerfeño de Podemos, llegó al Congreso en rastas, con su peinado habitual en los últimos años, y una veterana diputada nada reputada del PP hizo una gracia sin gracia hablando de los piojos y confundiendo la velocidad con el tocino. Celia Villalobos ejerce de andaluza sin gracejo, de mala malagueña. Esta mujer osa criticar a un nuevo diputado por su pinta como si el aspecto fuera determinante. Todos sabemos que por las Cortes han pasado diputados con chaqueta y corbata, con ternos, con trajes, muy formales en su vestimenta, que han sido unos golfos y unos corruptos. Algunos todavía están allí. El propio Rajoy se sintió más sorprendido por las rastas de Rodríguez que por la felonía de Gómez de la Serna, que se presentó por el PP y no ha renunciado a su acta.

Villalobos, que tiene más trienios que Matusalén en la cosa pública, debería dejar paso a otra gente más decente que no se aburra tanto en las Cortes y que no se dedique a jugar al candicrás en la mesa del Congreso.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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