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Viviendo en San Borondón

El síndrome de la calculadora

JOSÉ F. FERNÁNDEZ BELDA Domingo, 27 de Diciembre de 2015 Tiempo de lectura:

Ciudadanos estupefactos ante el espectáculo de pasteleo de los partidos

Ahora que todos los eventos importantes, más para unos que para otros, se denominan por dos números y una letra, el 20D acaba de dejar a los políticos noqueados y a los ciudadanos estupefactos ante el espectáculo de pasteleo de los partidos, “pacteleo” lo denomina un buen amigo, que se avecina.  Y por cierto, ese esquema numérico se les desbaratará cuando el suceso a numerar ocurra del día 1 al 9 del mes.  A mí, la fecha que me tiene atribulado será el 5E o 6E, cuando para dar visibilidad a la igualdad de sexos, los podemitas madrileños quieren que una mujer se disfrace de hombre para oficiar de Rey Mago Baltasar, que supongo han elegido porque los negros no suelen tener barba.  ¡Pura magia potagia de ultraizquierda!

Una evidencia, acrecentada y agravada en estas elecciones, es constatar que una vez que los ciudadanos han depositado el voto, son excluidos del proceso de conformación de gobiernos, cuya iniciativa queda en manos de los partidos políticos, no tanto atendiendo al interés general como en función del “que hay de lo mío” de los profesionales de la política, no siempre políticos en sentido puro y con altura de miras, sino más motivados por el reparto de cargos.

La situación creada por la distribución de votos entre cuatro partidos, en realidad tres y una amalgama de ocho queriendo formar cuatro grupos parlamentarios, está obligando a los actores a usar la calculadora continuamente para ver las sumas o las restas, porque el cálculo mental, posible antaño con el denostado bipartidismo que nunca existió, ahora ha devenido en imposible.  Es una situación ideal para alimentar tertulias televisivas y radiofónicas, donde las opiniones son tan variadas como las infinitas combinaciones que a cada uno se le pudiera ocurrir.  Los más avezados en los chismes electrónicos ya usan hojas de cálculo para explicar sus deseos, que casi nunca, por fortuna, se materializarán en el Parlamento.

Si fuera verdad que los partidos quisieran regenerar la vida política y devolver la democracia a los ciudadanos, hay varias reformas necesarias en lo referente a la Ley Electoral.  Lo primero sería establecer la segunda vuelta.  En un caso como el actual, no se puede dejar el resultado final a la mera aritmética hasta que cuadre un resultado posible, aunque no sea ni por asomo el deseado por los votantes.  Los ciudadanos tendrían que poder opinar sobre los pactos entre partidos y saber fehacientemente a lo que cada uno a renunciado de su programa electoral, eso que ahora se llaman líneas rojas, a veces tan tenuas que se borran fácilmente.

La segunda cuestión sería la redefinición de las circunscripciones electorales que fijan el número de candidatos a elegir.  En muchas zonas de España y en particular en Canarias, es lo que produce sobrerepresentación de unos sobre otros.  Es eso que tanto se dice, referido a las elecciones autonómicas, que un diputado o un senador por Gran Canaria o Tenerife precisa tropecientos votos más que uno herreño o gomero.  Se suele culpar a la Ley D'Hondt de estas cuestión pero eso, tirando de matemáticas, no es del todo cierto.  Si el sistema de afijación de votos, asignar escaños a votos, fuera proporcional puro, los partidos minoritarios casi nunca tendrían la oportunidad de lograr un escaño, salvo que el número de cargos a elegir se elevara considerablemente.  Es un asunto complejo, tanto que hay centenares de sistemas en el mundo.

Esta cuestión de la proporcionalidad podría resolverse en gran parte, si hubiera la posibilidad de votar personas, en listas abiertas o sin listas, y no confundiendo el derecho a tener voz conque el voto de cada electo tenga el mismo valor.  Debiera establecerse un factor de corrección en relación con el número de votantes que lo eligieron.  Es decir, igual voz, pero un valor del voto que sea proporcional a la representatividad que tenga cada diputado.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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