El Presidente de la patronal Hotelera de Menorca, ASHOME, acaba de afirmar que ahora que la temporada toca a su fin en la Isla menorquina, dice que es el momento de hacer autocrítica y recuperar el valor de la hospitalidad que han perdido en su isla y que hay que potenciar el hecho de que el turismo sea bienvenido.
Insistió que los hoteles que ofertan servicios de calidad y apuestan por la excelencia, habrán rondado el 75% de ocupación, en este final de temporada, una ocupación mayor que en el año pasado, que solo fue del 60%, sin embargo, ha habido menor ocupación de los hoteles especializados en ofrecer precios bajos y agresivos, que solamente ha llegado al 50% de ocupación. Algunos de ellos anunciaron su cierre anticipado por falta de ocupación.
Pero, ¿a que viene sacar el tema de Menorca? En principio, una isla balear no debería ser modelo para la reflexión de nuestras carencias o virtudes en canarias, sin embargo, te ruego permitas que juntos valoremos, apreciado lector, varias cosas:
1. Menorca se distinguió en actuar siempre de forma independiente a Mallorca. Su economía basada en la bisutería fina, en la agricultura, donde destacó su helado “La Menorquina”, en sus Cooperativas de leche y quesos, y que como consecuencia de sus pastos, creció su importante cabaña vacuna, y aumentó el negocio de carne y de curtidos, y supo introducir su zapato de alta calidad en toda Europa. Consiguió un equilibrio económico y social, con pleno empleo, donde no se conocía el paro. Por ello, no se apoyaba la construcción de nuevos establecimientos turísticos y el trabajo que ofrecían los hoteles se dejaba para los “forasters”, inmigrantes de la península, al ser trabajo de temporada de verano y durante muchas décadas, implantó un sistema que frenó la agresiva invasión de urbanizaciones y la construcción indiscriminada de hoteles, nada apreciados por el Menorquín, mientras que en Mallorca e Ibiza-Formentera, construían sin parar, ávidos de negocio turístico, lo que dio paso a la definición “balearización”, como símbolo de cómo no se debe construir.
2. La oferta y la demanda en el negocio del Turismo, colocó a cada isla en su sitio, Menorca se convirtió en la Isla deseada. Poca gente podía reservar hotel por falta de disponibilidad y ello revalorizaba el deseo de conseguirlo. Por otra parte, una bella isla verde, ofreciendo playas vírgenes y solitarias en pleno mes de agosto, aseguraba a los privilegiados turistas que conseguían la reserva en su Agencia de Viajes, las vacaciones tranquilas y de Calidad que deseaban. El precio era lo de menos. Menorca consiguió cobrar el precio medio en sus hoteles, el más alto de las Baleares y del litoral español, donde los hoteles pasaron a ser, de cada vez más apreciados por el menorquín, especialmente cuando empezaron los síntomas de crisis de la bisutería, calzado y de la explotación del campo. El menorquín aceptó a trabajar en la Hostelería al tiempo que veía derrumbarse el empleo en el resto de los sectores de producción. Menorca se encuentra en la cresta de una ola, y si sabe conducir su política de la oferta y de demanda con claridad, no tiene que tener temores en el futuro. Si cae en la tentación de ambicionar más volumen, el aumento de su oferta le obligará a bajar sus precios de venta, dejando de ser sus hoteles tan rentables, y la isla tan ambicionada de ser visitada, dejará de estar de moda, y nadie irá porque ya va todo el mundo.
Ante todo lo dicho, espero apreciado lector, puedas reflexionar con mi mensaje, y si me permites insistir en el ejemplo de Menorca, al ser historia inamovible, nos convendría pararnos a reflexionar que la oferta y demanda es la regla universal del juego de cualquier planteamiento comercial, desde los fenicios.
Deberíamos reconocer que Gran Canaria aumenta de año en año su exceso de oferta (demasiadas camas hoteleras) y aumenta también la demanda. (De cada vez, menos visitantes) Los turistas eligen otros destinos por no encontrarse a gusto en Gran Canaria.
Mi actual reflexión la finalizo diciendo:
De momento, si deseamos nivelar la relación oferta-demanda hay que proceder a eliminar camas. Antes de las pasadas elecciones, un político cifró en 30.000 camas las que deberían de desaparecer para reglar el mercado. Al mismo tiempo, se debería asegurar la moratoria, y esperar. Si así lo sabemos hacer, el mercado por sí solo, devolverá la tranquilidad y podríamos esperar volver al esplendor a corto plazo.
Tendremos que esperar dos o tres años y lo consideraríamos un tiempo perdido, pero sería un precio justo que estaríamos obligados a pagar, por habernos equivocado en los planteamientos turísticos y no haber sabido ver las consecuencias del cambio de la peseta por el Euro, despreciando los avisos de la crisis que se acercaba a Europa, al tiempo que los Empresarios que podían, crecían, crecían, crecían…







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