El debate
A mi juicio, el moderador de este debate no contribuyó a que se dieran unas condiciones que permitieran a los indecisos escuchar argumentos, propuestas, que les aclararan sus dudas.
Más allá de las consideraciones acerca de quién ganó el “cara a cara” entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, creo oportuno analizar el desarrollo del debate porque, a mi juicio, restó eficacia a lo que, en sí mismo, debe conseguir un programa de este tipo.
Un programa de debate, que tiene como finalidad crear opinión, debe pretender que al que lo vea o escuche se le proporcione una serie de argumentaciones a favor y en contra expresadas en tono conversacional. No debe convertirse por tanto en un continuo rifirrafe que oculte argumentaciones que permitan sacar conclusiones.
Creo no equivocarme si digo que el debate entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno no ha servido de mucho a los millones de indecisos ante las próximas elecciones, principal objetivo que debería haber tenido este enfrentamiento y no el intentar crear espectáculo para que los partidarios de uno y otro estuvieran más o menos satisfechos. Los votos de esos partidarios ya están garantizados.
Para dar a cualquier debate la función de crear opinión y poder decidir por una determinada opción, es importante el papel del moderador que debe tener como objetivo mejorar la calidad del debate entre los miembros, eliminando las contribuciones consideradas como nocivas a la audiencia. El rol del moderador es decisivo porque es el encargado de que el debate entre los miembros se desarrolle dentro de las mejores condiciones.
A mi juicio, el moderador de este debate no contribuyó a que se dieran unas condiciones que permitieran a los indecisos escuchar argumentos, propuestas, que les aclararan sus dudas. Y no contribuyó a ello porque, entre otras cosas, no interrumpió a tiempo de forma constructiva las discusiones que en no pocas ocasiones se apartaban del interés general para centrarse en la descalificación personal de los candidatos.
Tampoco evitó el que continuamente hablaran a la vez los debatientes, cuestión ésta que en un momento determinado puede ser positivo porque es un claro indicador de que el debate tiene fuerza, pero otra cosa bien distinta es que se convierta en el denominador común del debate porque se debe tener en cuenta que si hablan dos personas a la vez, el oyente no entiende lo que están diciendo.
El cara a cara entre Rajoy y Sánchez más pareció un programa de la denominada telebasura que un espacio de servicio público que sirviera para despejar dudas porque había un moderador que “pasaba por allí” sentado en la mesa a escuchar sin más dando ocasión a los abundantes momentos de cacofonía que lastraron la discusión. El moderador debió tener una función mucho más efectiva que la de recibir y despedir a los candidatos.
Visto lo visto y, a la hora de elegir a quien perdió el debate, habrá que decir que lo perdió el moderador porque no supo o no quiso tener en cuenta que un programa de este tipo es una contribución al más amplio campo del debate público, y puede ser considerado como una parte del positivo papel que desempeña un medio de comunicación dentro de una sociedad democrática.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.








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