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Respeto a los docentes

SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ Sábado, 25 de Julio de 2015 Tiempo de lectura:

Cuando un curso escolar termina, el bullicio de los centros educativos da paso a un silencio impregnado de miles de vivencias que a lo largo de un curso se producen en el devenir diario de una jornada escolar

Cuando un curso escolar termina, el bullicio de los centros educativos da paso a un silencio impregnado de miles de vivencias que a lo largo de un curso se producen en el devenir diario de una jornada escolar. Entre esas vivencias hay una que, lamentablemente, se está prodigando últimamente: la falta de respeto a los docentes no sólo por parte del alumnado sino también por parte de algunos padres.

Es esta una cuestión grave porque la autoridad y la disciplina deben estar presentes en la escuela como en toda organización social que necesite mantener un cierto orden para el cumplimiento de sus fines. Lejana parece ya la época en que era incuestionable la autoridad de los docentes.  Hoy en día, de la mano de una democracia mal entendida; han perdido autoridad, al punto de ser objeto de graves faltas de respeto y cuestionamientos infundados.

Si bien los docentes pueden equivocarse, y es bueno que se permitan discrepancias con sus dichos o acciones, no debe olvidarse que los docentes no son un igual con respecto a los alumnos, que deben dirigirse a ellos con las maneras que exige cualquier norma de convivencia.

El respeto hacia los derechos del niño, exige que el educando sea escuchado en sus reclamaciones, pero estas reclamaciones no pueden ser hechas de cualquier manera, pues su educación exige que aprenda cómo dirigirse hacia el prójimo ya que,  además de derechos, tiene obligaciones, para respetar los derechos de los demás.

Toda la comunidad educativa debe entender que la autoridad docente es necesaria para el pleno desarrollo de los niños y adolescentes que deben formarse en el marco de normas y reglas de conducta, que tanto ellos como los docentes deben respetar.

Por ello es conveniente que los padres se acerquen al colegio para dialogar con los  docentes, haya o no problemas, para estar informados sobre los logros y carencias de sus hijos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, al objeto de colaborar desde el hogar con la escuela, complementándola y no rivalizando con ella.

Esto que parece lo más normal del mundo, es cada vez  más complicado que se haga realidad porque muchos de los que hoy son padres son el producto de un sistema educativo que no ha fomentado la educación en valores, ha propiciado el “coleguismo” entre alumnos y docentes y ha producido un considerable número de fracasados escolares.

Es evidente que la autoridad vinculada al poder social de los docentes se ha debilitado. Ahora bien, hay que distinguir entre el poder que ejercen los docentes, que les viene dado institucionalmente, y la autoridad que les otorga el liderazgo pedagógico, algo mucho más relevante. Esta autoridad se la tienen que ganar todos los días con la relación educativa que, tarde o temprano, será reconocida por alumnos y familias.

Por lo tanto, las medidas para reforzar la pretendida autoridad de los docentes por la vía de un mayor reconocimiento jerárquico de su poder institucional podrá conseguir, quizás, disuadir ciertos comportamientos antisociales pero no recuperará el respeto o liderazgo educativo si éste se ha debilitado o, peor, si no se ha sabido ganar nunca. Es evidente pues que los docentes deben ganar su autoridad desde su ejemplo ético, su saber, su puntualidad y su apertura el diálogo.

Entre todos tenemos que favorecer la viabilidad y vigencia de la formación, autonomía, y confianza de la figura de los docentes comprometidos con el trabajo, competentes académicamente, cercanos a sus alumnos y garantes de la creación de un clima de aula que haga posible la convivencia, el aprendizaje y también, como consecuencia de ello, posibilite unas relaciones de total respeto entre todos los miembros de la comunidad educativa desde la autoridad ganada y, eso sí, ejercida con plenitud de convencimiento y gran capacidad de liderazgo.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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