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SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ Viernes, 17 de Julio de 2015 Tiempo de lectura:

La iniciativa de la alcaldesa de Madrid de poner en marcha esa “web de la verdad” que desmienta informaciones publicadas que considere falsas o inexactas, pone de manifiesto esa peligrosa desconfianza del entorno de Podemos hacia la prensa libre

La puesta en marcha por el Ayuntamiento de Madrid, por orden de su alcaldesa Manuela Carmena de una página web que desmienta todas las noticias en las que se aluda a la gestión municipal y que se consideren parciales o erróneas, es otra ocurrencia  de un equipo de gobierno que está dando palos de ciego y sirve para medir la vocación democrática de una formación política como Podemos y sus satélites que han manifestado, a veces de manera abrupta, un rechazo frontal a la crítica y una cruda voluntad de someter a control el ejercicio de la libertad de información.

Cuando a Pablo Iglesias se le escuchó decir en una de sus intervenciones televisivas en Venezuela que "hay que hacer desaparecer a los mercaderes de los medios de comunicación" es prueba evidente de su juicio de valor acerca de que el mero hecho de que un medio de comunicación esté en manos privadas conlleva necesariamente un interés adulterado, lo cual es falso porque lo característico de una sociedad abierta y moderna es el pluralismo, que sólo se alcanza a través de la libre concurrencia de enfoques informativos y puntos de vista.

La iniciativa de la alcaldesa de Madrid de poner en marcha esa “web de la verdad” que desmienta informaciones publicadas que considere falsas o inexactas, pone de manifiesto esa peligrosa desconfianza del entorno de Podemos hacia la prensa libre. Es una iniciativa muy desafortunada porque puede ser utilizada para señalar a periodistas y como advertencia a los medios que puede convertirse en una intolerable herramienta de propaganda, de presión y desprestigio desde el poder. Por eso ha hecho bien la presidenta de la Federación de Asociaciones de Prensa al decir que la página desprende “un halo de censura”

Resulta lamentable e insólito que en nuestro país una Administración utilice recursos públicos para crear una especie de inquisición que supervise las informaciones de prensa y repruebe las que no son de su gusto. No es la Administración quien tiene que supervisar a los medios de comunicación, son los medios de comunicación quienes deben cumplir en democracia la función social imprescindible de fiscalizar el ejercicio del poder. Es arrogante e injustificable que una autoridad se arrogue el patrimonio de dictaminar donde está la verdad.

La alcaldesa de Madrid no debe tener muy clara las características de la comunicación y la degradación que todo mensaje sufre motivado por una serie de filtros relacionados tanto con los que emiten el mensaje como los que lo reciben. No debe tener claro que por mucha página web de la verdad que ponga, todo mensaje llega al receptor de manera distinta, por lo que es una soberana tontería pretender establecer una fuente de información pura de donde tienen que beber todos los ciudadanos.

Es lamentable que un partido que quiere basar su actuación en la participación popular, ponga en marcha este tipo de instrumento con el que pretende eliminar todo aquello que no le guste. No es ese el camino que debe seguir la alcaldesa de Madrid, no es a la prensa a la que debe temer. Lo que debe hacer es poner orden en su propio equipo que, al estar compuesto por personas de distintas sensibilidades e ideologías, han conformado un grupo de aluvión que están actuando como el ejército de Pancho Villa. 

La versión original de Carmena nos suena a los tiempos de Franco en los que teníamos al “parte” de las nueve de la noche en Radio Nacional como la única fuente de información válida y “químicamente pura”. Una vez más se pone de manifiesto que una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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