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Ejercer el poder

SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ Miércoles, 20 de Mayo de 2015 Tiempo de lectura:

El ejercicio adecuado del poder requiere de un equilibrio de fuerzas que permita no ahogarlo ni tampoco perder su control.

A la conquista del poder se ha  dedicado en los últimos días muchos esfuerzos por parte de los candidatos de los distintos partidos políticos que concurren a las elecciones. Para muchos de ellos el poder se convierte en una obsesión y no dudan  nada a la hora de prometer cosas sin tener muy claro si lo van a poder cumplir. La idea es lanzar mensajes que puedan ilusionar a los votantes y obtener la posibilidad de ejercer el poder.

El ejercicio  adecuado del poder requiere de un equilibrio de fuerzas que permita no ahogarlo ni tampoco perder su control. Tanto la acción de ahogar el poder como la acción de ser  demasiado permisivo, llevan a una misma consecuencia: la pérdida del mismo. Es complejo el ejercicio del poder en cualquier campo, pero, sobre todo, en el terreno político. Y en este campo nos podemos encontrar con políticos que ejercen el poder ahogándolos y otros que aflojan tanto la mano que puede ocasionar consecuencias lamentables.

Aquellos políticos que ejercen su poder apretándolo demasiado son los que se rodean de personas dispuestas al halago continuo y procuran anular a quienes pueden tener iniciativas. Son personas que, muchas veces llegan al poder por casualidad o por el cabreo puntual de una masa social.  Son políticos que tratan de imponer sus ideas haciendo gala de una demagogia disfrazada de frases bonitas.

Aquellos otros políticos que ejercen el poder abriendo mucho la mano, y que también suelen llegar al poder por casualidad,  son los que, con tal de quedar bien, van cediendo a las pretensiones a veces muy peligrosas para el conjunto de la comunidad. Es esa clase de políticos que basan su actuación en la sonrisa, en parecer buenas personas, simpáticos, dicharacheros que pretenden dar la sensación de que todo va bien aunque dentro de su partido haya un maremagno de ideas encontradas.

Son los que pactan lo que sea y con quien  sea con tal de parecer progresistas y acceder al poder. Tienen a su alrededor un entramado mediático que vende a la población sus “excelencias” y extienden las cortinas de humo necesarias para ocultar los fracasos o las promesas incumplidas.  Ese entramado mediático es también el encargado de justificar acciones que anteriormente habían criticado o rechazado.

Son auténticos maestros del ilusionismo y de la demagogia. Son políticos que entienden que la mentira o la manipulación de la realidad constituyen factores fundamentales a la hora de ejercer el poder con éxito. No tienen en cuenta que la sociedad esté incluso más dispuesta a participar en decisiones que vaya en contra de sus intereses, porque simplemente ha tomado parte de ella.

Tanto unos como otros son un peligro para la comunidad porque, en definitiva, lo que persiguen es ejercer el poder en su propio beneficio. Y tanto los que ahogan como los que aflojan  demasiado terminan por  hacer del poder un instrumento al servicio de los oportunistas de turno que quieren sacar la mejor tajada olvidándose por completo de la ciudadanía.

La campaña electoral contribuye a la formación de la opinión pública, consiguiéndose de esta manera que capas muy amplias de la población, que en principio no están especialmente interesadas en la política, se informen y adopten una postura. La presencia simultánea de  las distintas opciones y ofertas, los mensajes  y promesas de solución de problemas que hemos escuchado, exige de los ciudadanos un esfuerzo de reflexión que permita proporcionar los mínimos de autenticidad en la expresión y formación de la opinión que motive la decisión del voto hacia un determinado partido.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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