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El ébola y los derechos humanos

SEGISMUNDO URIARTE DOMÍNGUEZ Jueves, 14 de Mayo de 2015 Tiempo de lectura:

Esa magnitud contrasta con la ausencia de la determinación que había sido necesaria para salvar la vida de miles de personas e incluso garantizarles una muerte digna.

Tras haber pasado 42 días sin que Liberia registre ningún caso nuevo de Ébola, días pasados ha sido declarado, por la Organización Mundial de la Salud, país libre de dicha enfermedad que se ha cobrado la vida de 4.716 personas en aquel país. Esta es, sin duda, una importante noticia pero a uno le queda la duda de si eran necesarias tantas muertes para atajar una epidemia que produjo unos miedos  de gran magnitud.

Esa magnitud contrasta con la ausencia de la determinación que había sido necesaria para salvar la vida de miles de personas e incluso garantizarles una muerte digna. Lo que ha ocurrido en África para que no se haya podido reaccionar más rápidamente tiene mucho que ver con los altos niveles de pobreza que impiden el acceso a los cuidados sanitarios, a los medicamentos esenciales, a la información y a prácticas de salud adecuadas. Esa pobreza es la que ha negado a la población el derecho humano a la salud.

Los índices de miseria que sufren algunas regiones africanas contrastan con sus riquezas naturales y el empeño de sus poblaciones para conseguir una vida digna. El empobrecimiento de ciertos países tiene múltiples causas que van mucho más allá de sus fronteras y que implican a diversos actores internacionales.

Hoy en día el logro de la sostenibilidad aparece indisolublemente asociado a la necesidad de universalización y ampliación de los derechos humanos. Sin embargo, esta vinculación tan directa entre superación de los problemas que amenazan la supervivencia de la vida en el planeta y la universalización de dichos derechos, suele producir extrañeza y dista mucho de ser aceptado con facilidad.

Soluciones globales

Hoy más que nunca los problemas no saben de fronteras, están interconectados de manera global. Pensar que las situaciones que sufren otros lugares no nos afectan no es realista. La prueba la ha dado el Ébola que hizo ver “las orejas al lobo” a los países desarrollados  y les obligó a buscar una solución que habría llegado más tarde si la enfermedad no hubiese salido del entorno donde se generó.

No hay que esperar a que se den situaciones como las vividas con esta enfermedad. Hoy más que nunca urgen políticas que garanticen los derechos humanos aquí y en cualquier lugar el mundo. Vivimos un cambio de época en el que la ciudadanía vigila cada vez más a los poderes, construye de manera colectiva y ofrece alternativas a un sistema profundamente injusto.

En contraposición, muchos gobiernos y poderes financieros internacionales alimentan una riqueza que empobrece a una inmensa mayoría  que supone el enriquecimiento de una minoría. En este sentido, hay una enorme falta de pudor y responsabilidad que hace pensar a determinados sectores que quien quiera derechos deben pagarlos.

El derecho a un desarrollo sostenible, tanto económico como cultural de todos los pueblos, conlleva, por una parte, el cuestionamiento de los actuales desequilibrios económicos, entre países y poblaciones, así como nuevos modelos y estructuras económicas adecuadas para el logro de la sostenibilidad y, por otra parte, la defensa de la diversidad cultural, como patrimonio de toda la humanidad. Las políticas que no defienden a las personas, maltratan los derechos humanos y fomentan el temor al otro.

Si queremos avanzar hacia la sostenibilidad de las sociedades, hacia el logro de una democracia planetaria, será necesario reconocer y garantizar otros derechos, además de los civiles y políticos, que, aunque constituyen un requisito imprescindible ,son insuficientes. Me refiero a la necesidad de contemplar también la universalización de los derechos económicos, sociales y culturales, reconocidos bastante después de los derechos políticos.

 

 

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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