Si nada cambia –insisto- el Gobierno del Estado tiene previsto anunciar a Juan Grande como el emplazamiento de la nueva cárcel de la isla, pulmón y prisión para un montón de personas obligadas a cumplir sus condenas fuera de la tierra en la que nació. La medida, pese a resultar extraordinaria desde el punto de vista económico y humanitario, atraerá críticas hercúleas por parte de distintos sectores que suelen confundir los recintos carcelarios como fortalezas de alto riesgo para sus vecinos, cuando la experiencia nos demuestra justamente lo contrario.