Si nada cambia –insisto- el Gobierno del Estado tiene previsto anunciar a Juan Grande como el emplazamiento de la nueva cárcel de la isla, pulmón y prisión para un montón de personas obligadas a cumplir sus condenas fuera de la tierra en la que nació. La medida, pese a resultar extraordinaria desde el punto de vista económico y humanitario, atraerá críticas hercúleas por parte de distintos sectores que suelen confundir los recintos carcelarios como fortalezas de alto riesgo para sus vecinos, cuando la experiencia nos demuestra justamente lo contrario.
La segunda espina es más indigerible. Si nada cambia –vuelvo a insistir- el Cabildo de Gran Canaria regará urbi et orbe que el emplazamiento definitivo para levantar la planta de gas también estará en Juan Grande. La medida significa que Agüimes y Vecindario se salen con la suya (éxito, por lo tanto, de Antonio Morales y Silverio Matos), amparados en el concepto de una planta de este tipo debe de estar lo más alejada posible de los núcleos urbanos. Si esto es así, el Gobierno central desecha definitivamente la alternativa de la planta off-shore, por entenderla demasiado cara. Además, la batalla librada por Morales, esencialmente, contra el Ejecutivo autonómico, con Mauricio a la cabeza, logra una nueva victoria de los “davides” contra los “goliats”. Los representantes de San Bartolomé, probablemente poco centrados en lo que se avecina, tal vez debieran concluir que la cosa está fenomenal para exigir compensaciones más allá de ciertas “dádivas”. La flor. La instalación en terrenos de la familia Del Castillo de un circuito de Fórmula 1, copia exacta de una de las grandes citas internacionales del calendario automovilístico. Será reclamo turístico, lugar de entrenamiento de las figuras de la velocidad, formará parte del circo de la Fórmula 2. Significará un regalo para los miles y miles aficionados grancanarios. Añado que el circuito en cuestión es el primero de un conjunto de tres (a instalar los otros dos en Fuerteventura y Tenerife), por lo que nacen con la idea de que se aprovechen mutuamente las sinergias y así convertir a Canarias en un paraíso mundial de la Fórmula 1. ¿Será suficiente? Seguramente no. ¿Cuántos años de retraso lleva San Bartolomé, centro neurálgico del turismo archipielágico, producto de sus guerras intestinas, de gobiernos débiles y atrapados en el universo de los comisionistas, enanos microscópicos que son capricho del viento en manos de las gigantes fortunas que se mueven en la zona? Sobre la imperiosa necesidad de un Plan General, de una norma de conducta aceptada por todos que permita la expansión y el desarrollo del municipio. ¿Hay que ser optimista en una legislatura que empieza con un concejal clave en la cárcel, el cual posee una montaña de información basura, con determinados investigadores policiales empeñados en hacer pasar por el juzgado, y puede que por la cárcel, a los tres últimos alcaldes (Marco Aurelio Pérez, José Juan Santana y Concha Narváez?… ¿Quién tiene la cabeza en su sitio para negociar y alcanzar acuerdos sensatos con los tiburones de la comarca? Es una zona que alberga una promesa de desierto. La gente empieza a marcharse, las oportunidades a perderse. El Cabildo pone 400 millones de euros para un plan estratégico turístico. Vale, menos es nada. Pero ¿se sabe realmente lo que se quiere hacer?… ¿Se han fijado lo poco que le importa al Gobierno autonómico el futuro de una zona fundamental para un futuro próximo?… Salvo manipular mociones de censura para intentar implantar El Corte Inglés en Meloneras, organizar reuniones fantasmales para construir puertos deportivos desde Bahía Feliz a Veneguera, conspirar en contra del empresario que no es amigo del amigo, poco más. En fin, en este laberinto doméstico casi nunca hay buenas noticias.







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