Calidad, ecoeficiencia y precios hoteleros
El "show" de la moratoria turística canaria ha dado un nuevo giro, al aprobar el Ejecutivo de repente por la vía de urgencia la tramitación al Parlamento del permiso de construir nuevos hoteles de cuatro estrellas
El "show" de la moratoria turística canaria ha dado un nuevo giro, al aprobar el Ejecutivo de repente por la vía de urgencia la tramitación al Parlamento del permiso de construir nuevos hoteles de cuatro estrellas, después de que pocos días antes le había dado un portazo a dicha reforma de la ley turística (ver anterior post).
¿Vía libre para nuevos hoteles de cuatro estrellas "con calidad"?
Estas aparentes prisas por permitir nuevos hoteles vinculados a "criterios de calidad" obedecen a la presión política suscitada por el anuncio de la rotura del compromiso de octubre 2014 y no tienen otro fin que garantizar la tranquilidad preelectoral. No debemos olvidar que dichos nuevos criterios de calidad deben estar definidos en un Reglamento Turístico, el cual puede tardar mucho tiempo en redactarse, por lo que el bloqueo al crecimiento prevalece. Recordemos que en la versión anterior de la moratoria (Ley Medidas Urgentes, mayo 2009) el reglamento se publicó en octubre del 2010 (decreto 142/2010), es decir, un año y medio después de la Ley.
Dicha segunda versión de la moratoria sólo contemplaba como excepción los hoteles-escuela de gran lujo, que fue definido en base a lo que el legislador entendía en ese momento por "calidad". Sin embargo, para el gran lujo no había suficiente demanda (ni la hay hoy), pues no se ha solicitado ni una sola licencia, pero si alguien la hubiese solicitado en el 2009 habría tenido que esperar hasta finales del 2010 para conocer los estándares a los que se tendría que haber atenido. El caso que nos atañe hoy es diferente, pues para hoteles de cuatro estrellas sí hay demanda.
¿Ocurrirá lo mismo ahora después de que se apruebe la modificación de la ley en el Parlamento a finales de marzo? ¿Tendrán que esperar los inversores más de un año a que el planificador defina en el Reglamento lo que entiende bajo "criterios de calidad y ecoeficiencia"? Parece que no habrá que esperar, pues el Consejero de Política Territorial anunció que "habrá un régimen transitorio" hasta que se publique el reglamento, de forma que su departamento "deberá analizar de forma exhaustiva y a tenor de todos los reglamentos existentes que sean concurrentes en el proyecto para que se llegue a la conclusión de que éste es ecoeficiente y excelente" (La Provincia/DLP, 16.01). Con estas declaraciones el Consejero deja muy claro dos cuestiones:
1) que ya existen suficientes criterios de calidad para nuevos hoteles en la normativa actual; en concreto una suma de más de 17 textos, entre leyes y decretos, que regulan desde los m2 de solar por cama (Ley 7/1995) hasta los vatios del secador de pelo de la habitación del hotel (decreto 142/2010). En cuanto a los "criterios de ecoeficiencia", la Ley de Renovación Turística (Ley 2/2013) define que los nuevos hoteles "deberán cumplir con las máximas exigencias de eficiencia energética y ahorro de agua" (art.4.4). ¿Acaso regulará ahora el Ejecutivo por encima del "máximo"? Por tanto, el mensaje que ha difundido el Ejecutivo de que la normativa vigente carece de criterios cualitativos para los nuevos hoteles de cuatro estrellas ha sido falso.
2) que el Ejecutivo se va a atribuir la potestad para decidir de forma discrecional qué proyecto es "ecoeficiente y excelente" y cuál no, lo cual implica una gran inseguridad jurídica para los inversores, pues estarán condicionados a criterios subjetivos del Ejecutivo. En este sentido cabe recordar que la Ley de Renovación Turística aún incluye suficientes mecanismos que, para el caso de que persistiese una intención bloqueadora del planificador, le permitirían paralizar cualquier proyecto hotelero como, por ejemplo, a través de la obligación a la terminación de las obras del proyecto de urbanización vinculado al nuevo establecimiento (pues en la realidad ninguna urbanización se termina al 100% según su proyecto original).
Todo ello hace prever que aún queda mucho tiempo para poder afirmar que se pueden construir nuevos hoteles de cuatro estrellas en Canarias. Sin embargo, para cuando se produzca ese momento, que tanto está reclamando la isla de Gran Canaria (al tener poca oferta de cuatro estrellas en relación con la demanda), hay otra cuestión que han vuelto a reavivar esta semana los defensores de la conservación al bloqueo del crecimiento:
¿Producen nuevos hoteles automáticamente una bajada de precios?
Como era de esperar, el anuncio de la posibilidad de permitir nuevos hoteles de cuatro estrellas ha sido acogido mal por el más feroz defensor de la moratoria, la patronal tinerfeña Ashotel, que prevé el siguiente escenario apocalíptico asociado a nuevas camas de cuatro estrellas: "caída de precios y rentabilidad de los negocios" y "cierre de establecimientos y destrucción de puestos de trabajo" (La Provincia/DLP, 17.01). ¿Es esto así realmente? ¿Se puede afirmar de forma tan simple que una nueva oferta conlleva que los precios medios bajen? No, en absoluto. Cuando entra nueva oferta los precios pueden bajar, mantenerse o subir.
Dar por hecho dicha bajada de precios conlleva la suposición simplificada de que la oferta es homogénea en cuanto a sus características (=mismas instalaciones hoteleras y servicios) y que la demanda es estática (=número fijo inalterable, como una tarta que se reparte por trozos). Sólo en ese caso de igualdad absoluta de los productos de oferta cabe suponer que al ampliar dicha oferta los precios bajen, pues habría que repartir la oferta entre una demanda que se mantiene constante. Sin embargo, estas dos hipótesis no se cumplen: ni la oferta es homogénea, ni la demanda es estática. En el caso de Gran Canaria, el mercado está demandando determinados productos de los que hay poca oferta (resorts de sol&playa, hoteles para congresistas, clientes de salud y deportistas, etc.). Nuevos productos de este tipo atraerían a nuevos segmentos de clientes, por lo que el mercado potencial aumentaría. Ello no quita que, en parte, también competirían con el resto de la oferta local, pero eso también lo están haciendo todos los productos internacionales de las mismas características que entran en el mercado (p.ej. en la Riviera Turca). Además, un aumento de la presión competitiva (local y/o internacional) aumentaría a la vez la renovación, la calidad de servicios ofertada y, con ello, la competitividad turística.
Veamos un ejemplo de la relación entre nueva oferta y precios hoteleros: Turquía ha crecido de forma espectacular durante los últimos 15 años. De los 10 millones de visitantes en el año 2000 ahora supera ya los 35 millones. Y sigue creciendo anualmente: en el 2014 se abrieron en la Riviera al menos 16 nuevos hoteles con 5.600 habitaciones, después de que en el 2013 habían inaugurado 10 hoteles (4.500 habitaciones). ¿Ello ha afectado al precio? Pues no ha afectado al precio, pues los hoteleros turcos están compitiendo con los servicios ofertados en su modalidad del "ultra all inclusive". Como ejemplo, he extraído del estudio sobre la Riviera Turca del Informe CATPE sobre competitividad turística (Junio 2014) los precios de algunos hoteles del verano 2012 y comparado con los precios que se ofertan para este verano 2015, utilizando las mismas bases de comparación: mismos TTOO (TUI y Öger), mismo periodo (principios de julio), misma categoría (5 estrellas) y mismo parámetro (precio por persona en habitación doble vista mar más económica con Ultra-All-Inclusive sin descuentos). Las conclusiones son las siguientes:
En todos los casos comparados los precios de los hoteles aumentan, incluso en los núcleos de Side y Belek, que es donde más oferta nueva ha entrado. Aunque se tenga en cuenta en el cálculo el efecto inflacionario (con aprox. un 8% anual en el periodo indicado), no se puede hablar de bajadas de precio generalizadas. Ello viene a mostrarnos que una región turística con un crecimiento continuado en un periodo largo de tiempo puede mantener sus precios e incluso incrementarlos. La incorporación de nueva competencia no ha supuesto para la Riviera Turca un descenso del precio, ni cierres de hoteles ni despidos masivos, tal como augura Ashotel para Canarias. Eso sí, en Turquía existe una alta presión competitiva que obliga a innovar en servicios permanentemente y a mantener renovadas las instalaciones, que efectúan rehabilitaciones cada 3-5 años (teniendo también en cuenta que tienen más desgaste por la corrosión, al estar casi todos en primera línea del mar).
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Por tanto, hemos visto como la construcción de nuevos hoteles no necesariamente lleva asociada una bajada de los precios hoteleros. Sin embargo, hay quien prefiere no renovar instalaciones y servicios, pretendiendo mantener su clientela a través del proteccionismo que le da la prohibición de la construcción de nueva oferta local, pero a la larga con esta estrategia verá mermada su competitividad adquirida de forma artificial (y no a través de las leyes de selección del mercado), pues la competencia funciona de forma global y desde Tenerife no se podrá imponer una moratoria para nuevos hoteles en Turquía o en Egipto, al igual que tampoco se podrá pretender seguir sometiendo el crecimiento hotelero de todas las Islas Canarias, tal como propone el editorial de una de las principales prensas tinerfeñas, a que núcleos de los años 70 como Tenbel en Costa el Silencio sean renovados y entren de nuevo en el mercado recuperando sus tiempos iniciales (cosa imposible, entre otras muchas cuestiones, porque desde que abrió el Aeropuerto Reina Sofía los aviones aterrizan 'rozando' los techos de las edificaciones de dicha urbanización).
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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