Año tras año hemos venido viviendo y sufriendo los vecinos de los distintos pueblos del municipio y la propia zona turística las consecuencias de unas lluvias que, de repente y en un corto espacio de tiempo, descargan en nuestro municipio. Año tras año se inundan casas, comercios, etc., porque año tras año se dejan de hacer las actuaciones preventivas necesarias en las calles, carreteras, imbornales, desagües, correntías, etc.
Tanto la prevención del fuego como de los desastres causados por las lluvias son un servicio público. Un servicio público que se ha de llevar a cabo durante todo el año de forma planificada y con los medios necesarios. Con el fuego ya hemos experimentado desgraciadamente lo que ha sucedido. También hemos experimentado lo que ha sucedido en años anteriores con las lluvias.
Ya es hora de que la institución municipal tome el toro por los cuernos y lidere la puesta al día de calles, aceras, desagües y todo aquello que es necesario corregir para prevenir el que las aguas no vuelvan a entrar en las casas y en los centros turísticos o comerciales y que los vecinos tengamos que estar, primero, con el corazón en un puño por si llueve de repente y no podamos hacer nada y, segundo, que correr, de día o de noche, para taponar como podamos las puertas y ventanas (sí, ventanas) de nuestras casas, desatascar los desagües públicos, etc. para que no se nos meta el agua y perdamos lo poco que tenemos en ellas (como ya les ocurrió a muchos vecinos con el fuego).
Las lamentaciones no sirven de nada. Ni para el fuego ni para las lluvias. Y cuando el mal está hecho (los propios vecinos lo están diciendo ya por lo del fuego) se nos viene al recuerdo la frase de Cervantes en El Quijote: ¡cuán largo me lo fiais!. Una vez hecho el daño sólo queda repararlo, pero hay daños imposibles de reparar: los daños que quedan en el alma y en la conciencia ante algo que pudo ser evitado y no lo fue, la desconfianza progresiva (¿irreversible?) en las instituciones públicas y sus representantes y, como consecuencia, la desidia que es la enfermedad que desintegra progresivamente la participación en los asuntos colectivos.
Hay una nueva oportunidad ante las lluvias que están por venir. La respuesta es la prevención. ¿Aprenderemos o volverá a suceder?. Ahora no nos podrán decir que no lo sabían.








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