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JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO

Vergonzoso espectáculo

JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO Lunes, 23 de Junio de 2014 Tiempo de lectura:

Había ayer gente que lloraba por todo lo ocurrido: por un lado, por la impotencia de no haber conseguido subir a primera, y en segundo lugar, por esa vergüenza que sentimos todos los que aún la tenemos, ante un espectáculo que daña nuestra imagen.

Soy uno de los tantos ciudadanos de estas islas que lamentan el bochornoso espectáculo que ofrecimos a todo el país, en el que unos incontrolados individuos, muchos de ellos menores de edad,  invadieron el Estadio Gran Canaria, ante de que finalizara el partido de la U.D. Las Palmas. En primer lugar he sentido vergüenza, tanto por el hecho en sí que atenta contra la imagen de la isla,  como por la falta de previsión  de quienes tenían el deber de haber afrontado el riesgo que había. No era un partido normal, un partido cualquiera sino que se disputaba, nada menos, el ascenso del equipo isleño a la Primera División.

Así que en esta ocasión, hubo todo un equipo de culpables que tuvo que ver con la falta de previsión ante un encuentro que podría catalogarse de riesgo. Culpable la delegación del Gobierno que no envió a ese lugar concreto de la ciudad a las fuerzas de seguridad suficientes que evitaran lo que después ocurrió.  Ahora se lavan las manos y le echan la culpa a quienes cometieron la gamberrada de la invasión al campo. Culpables los organizadores del evento, incluído el presidente de la U.D. Las Palmas que se encargaron de una seguridad sin tener  la suficiente preparación y ni siquiera los  incentivos para ejercer esa profesión. Culpables, quienes decidieron abrir las puertas para que entraran aficionados que se encontraban fuera, en un número bastante considerable, y, especialmente, había también una serie de energúmenos que se caracterizan por su trayectoria de alborotadores y folloneros, que tratan de reventarlo todo, bien sea por su frustración personal, por su adicción a drogas y alcohol, o, particularmente porque no tienen ninguna educación ni responsabilidad ya que sus padres no se han preocupado de educarles. O simplemente, no tienen padres. Viven en familias desestructuradas y no tienen a nadie que se ocupe de ellos. Estamos, pues, ante un grave problema social que afecta mucho más a unas islas apartadas del continente y sin apenas recursos, que a otras tierras situadas en la Península Ibérica.

Lo cierto es que, Las Palmas que tuvo en sus manos el ascenso a primera, lo perdió todo en unos segundos, y lo que era una alegría se convirtió en una tragedia. Indudablemente, encontrarse  en primera división beneficiaría a Las Palmas de Gran Canaria y al mismo equipo que la representa.

Había ayer gente que lloraba por todo lo ocurrido: por un lado, por la impotencia de no haber conseguido subir a primera, y en segundo lugar, por esa vergüenza que sentimos todos los que aún la tenemos, ante un espectáculo que daña nuestra imagen. En tercer lugar, porque quienes trataron de lavarse las manos, han utilizado las fuerzas policiales para blindar a ministros del gobierno aborrecidos por las masas, como fue el caso de Wert en La Laguna, o si no, el estado de sitio que rodeó al señor Soria en su pregón-mitin pronunciado en una ermita del municipio de Telde. Tanto en un lado como en otro, sobraban policías.

Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.

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