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Opinión: La triste realidad

Domingo, 12 de Agosto de 2007
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L. Santana Expósito.- El execrable paisaje que se observa partiendo desde Maspalomas hacía la cumbre es verdaderamente desolador, extendiendo la mirada en todas las direcciones no se ve más que cenizas y el resto de miles de árboles totalmente calcinados, los cuales se mantienen en pie gracias a sus fuertes raíces que hendidas en la tierra no sufrieron el ataque del tan devastador incendio. p8010030.jpgPrevenir este tipo de catástrofes se me antoja fácil, todo consiste en mantener el monte limpio, sin rastrojos, hojarascas, pinochas secas y otros matojos que prenden fácilmente por la acción de un fósforo o cigarrillo mal apagados e incluso por la radiación de un trozo de cristal -tan abundantes entre la basura acumulada- que multiplica la acción solar a modo de una lupa de gran aumento. Una vez el fuego iniciado se hace preciso la intervención rápida del personal -bomberos, medio ambiente, protección civil, policías, guardia civil, guardas forestales y los propios vecinos del lugar que conocen como nadie la orografía del terreno-, necesario para combatir y no dejar que el mismo se extienda como así ha ocurrido recientemente, la coordinación tiene que ser total sin que exista ningún tipo de reparos y que la misma dependa de un solo jefe ayudado por sus colaboradores especialistas en estas materias. Lo que no se debe hacer es que las unidades combatientes, reciban ordenes de sus respectivos mandos que por regla general no están presentes sino que les siguen desde la central de coordinación, posiblemente a muchos kilómetros de donde esta sucediendo. Esta forma de actuar de cada uno con sus propias consignas no benefician en nada los trabajos que se están llevando a cabo, lo natural y lógico que las ordenes partan de una sola persona que in situ esta trabajando para acabar con el fuego. Las ONG y los ecologistas, tienen que velar denunciando si fuese preciso ante la autoridad competente, que la limpieza de los bosques o zonas de montes no se están llevando a cabo con la rigurosidad necesaria, lo que puede motivar a corto plazo un incendio de connotaciones imprevisibles. Teniendo en cuenta todas estas premisas atajar un fuego en su punto de ignición, contando con los medios necesarios se hará mucho más factible ya que las llamas al no tener materia de fácil combustión a la que atacar tiende a extinguirse ya que el terreno limpio hace de cortafuegos. En los barcos se suelen dar incendios perfectamente localizados, en la cocina, sala de maquinas, etcétera, los tripulantes de los mismos, que durante sus estudios realizan cursos de supervivencia, saben en todo momento lo que tienen que hacer para extinguirlo, y en más de un 90 por ciento de los casos lo consiguen solo con los medios de a bordo y sin el auxilio exterior. En tierra la cosa es más fácil, los medios existentes son más abundantes y el personal especializado también, lo que no se puede permitir es que una vez dada la voz de alerta de la existencia de un incendio se ralentice el procedimiento 24 o 30 horas, una vez dada la alarma y conociéndose la situación geográfica del siniestro el personal deberá hacer acto de presencia en el mínimo tiempo posible, con todos los pertrechos necesarios para realizar su labor la cual consiste en apagar el foco en el menor tiempo posible y no permitir que el mismo se propague a las zonas limítrofes, evitando así la quema de una superficie de extensión mucha mayor. Al termino de las operaciones de extinción del fuego en Gran Canaria -municipios de Tejeda, Mogán, Aldea de San Nicolas de Tolentino y San Bartolomé de Tirajana- se cuantificó la extensión quemada en 20 mil Has, hasta hoy se desconoce con la rigurosidad que debiera la superficie afectada, hay quien dice 8 mil, otros 11 mil, pero hasta el momento nadie ha dado la cantidad exacta, creo que los técnicos han tenido más que tiempo suficiente para determinar con exactitud cuantas hectáreas se quemaron, esto denota dejadez y descoordinación al igual que sucediera, cuando el fuego estaba en plena efervescencia. La triste realidad es que ir al campo, como se dice vulgarmente genera en la actualidad un grave problema de tipo melancólico, ya que a los grancanarios orgullosos de nuestros montes y zonas boscosas, nos causa una gran impresión observar la desastrosa visión de tantos kilómetros de tierra desvastada, sin árboles y sin plantas y hasta echamos de menos el trino de los diferentes pájaros que antes animaban nuestra estancia en los mismos. Pienso que los políticos no tengan toda la culpa de cuanto ocurrió, pero desde mi punto vista reconocer y achacarles cierta desidia no creo sea ninguna entelequia, estas cosas necesitan más diligencia y en este caso la misma no se dio ya que la descoordinación estuvo por encima del 70 por ciento y este porcentaje no dice nada a favor de quien manda todo lo contrario, les culpan de tanto desatino y de los inconvenientes que se dieron entre los miembros de la policía.
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