Rajoy recibe la bendición presidencial
Nuestro hombre, Aznar, apareció en la famosa foto en la que se consideraba uno de los más importantes líderes del mundo
Recientemente, el señor Rajoy tuvo su “rendez-vous” con el presidente de los Estados Unido, después de dos años de dilación y el hombre se encontraba tan eufórico de su estancia en Washington como un musulmán cuando peregrina a la Meca. Ya se puede considerar salvado y redimido por los excesos y engaños cometidos durante su paso por el gobierno, a pesar de que aún no lo ha terminado. Se siente purificado ante el rito seguido por diversos mandatarios españoles de irse a postrar ante uno de los hombres más poderosos del mundo, al menos aparentemente, para que les imparta su bendición y acepten con parabienes sus políticas económicas y de alianzas. Con ese complejo de inferioridad que parecen tener nuestros presidentes de gobierno, Zapatero entró también en este juego de sumisión y, antes de irse, escaldado por la crisis que el pobre hombre no veía, cegado por su talante seráfico y quizás arrepentido por el feo que le hizo a la bandera estadounidense en el desfile militar de Madrid, le permitió al amigo americano que instalasen en la base aeronaval de Rota el escudo anti-misil que ya pronto nos defenderá de todos los malos que quieren hundir a la civilización occidental y cristiana. Amén.
Estados Unidos considera como suya esa base y también la de Morón y será difícil que las dejen, de la misma forma que no se van de la de Guantánamo, en la Cuba fideliana. Como sabemos, también pasaron por Washington, Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero.
La memoria, a veces, no es histórica, sino más bien histérica. Todos recordamos los ridículos episodios nacionales en los que se vio envuelto el nieto del ex-peneuvista y después acérrimo franquista, don Manuel Aznar Zubigaray. Primero, se fue a las Azores, con Bush y Blair, para decidir que había que invadir Irak porque allí tenían armas de “destrucción masiva”, ¡qué horror! Ahora bien, hay que callarse cuando sabemos que existe el diabólico club de naciones que tienen armas atómicas. De la misma forma que se quiere silenciar la llamada justicia universal para que no se metan con las atrocidades de determinados países en el mundo, o en la lucha contra el tráfico de drogas o venta de armas, entre otras martingalas.
Nuestro hombre, Aznar, apareció en la famosa foto en la que se consideraba uno de los más importantes líderes del mundo. A consecuencia de su apoyo al peor de los inquilinos de la Casa Blanca, sufrimos en España la terrible masacre del 11-M, a cargo, supuestamente, de los fanáticos de Al-Qaeda que no se andan con chiquitas a la hora de cometer sus barbaridades y que le costó la derrota al PP en las elecciones. Otro episodio nacional fue ver a este señor de Valladolid visitando el rancho de Bush en Tejas, poniendo los pies sobre la mesa y hablándole su macarrónico inglés mexi-texan, que luego transmitiría a his wife, con su relaxing cup of café con leche madrileño. Con sus seis visitas a USA fue el presidente al que le cupo el honor de realizar más viajes a la Casa Blanca. Después ya se sabe: se consiguió él los mejores chollos con sus sabios asesoramientos en empresas norteamericanas y fundó la FAE (que como algunos piensan no quiere decir Falange Española, ni mucho menos) y ofrece conferencias para salvar a esta España dolida, dispersa y tan atípica, per secula seculorum. Ahí quedan esas crónicas hispanas para quien se atreva a escribir, de la forma más objetiva, la más reciente historia de este país, que parece que de cambios y evolución, nada de nada.
Estados Unidos considera como suya esa base y también la de Morón y será difícil que las dejen, de la misma forma que no se van de la de Guantánamo, en la Cuba fideliana. Como sabemos, también pasaron por Washington, Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero.
La memoria, a veces, no es histórica, sino más bien histérica. Todos recordamos los ridículos episodios nacionales en los que se vio envuelto el nieto del ex-peneuvista y después acérrimo franquista, don Manuel Aznar Zubigaray. Primero, se fue a las Azores, con Bush y Blair, para decidir que había que invadir Irak porque allí tenían armas de “destrucción masiva”, ¡qué horror! Ahora bien, hay que callarse cuando sabemos que existe el diabólico club de naciones que tienen armas atómicas. De la misma forma que se quiere silenciar la llamada justicia universal para que no se metan con las atrocidades de determinados países en el mundo, o en la lucha contra el tráfico de drogas o venta de armas, entre otras martingalas.
Nuestro hombre, Aznar, apareció en la famosa foto en la que se consideraba uno de los más importantes líderes del mundo. A consecuencia de su apoyo al peor de los inquilinos de la Casa Blanca, sufrimos en España la terrible masacre del 11-M, a cargo, supuestamente, de los fanáticos de Al-Qaeda que no se andan con chiquitas a la hora de cometer sus barbaridades y que le costó la derrota al PP en las elecciones. Otro episodio nacional fue ver a este señor de Valladolid visitando el rancho de Bush en Tejas, poniendo los pies sobre la mesa y hablándole su macarrónico inglés mexi-texan, que luego transmitiría a his wife, con su relaxing cup of café con leche madrileño. Con sus seis visitas a USA fue el presidente al que le cupo el honor de realizar más viajes a la Casa Blanca. Después ya se sabe: se consiguió él los mejores chollos con sus sabios asesoramientos en empresas norteamericanas y fundó la FAE (que como algunos piensan no quiere decir Falange Española, ni mucho menos) y ofrece conferencias para salvar a esta España dolida, dispersa y tan atípica, per secula seculorum. Ahí quedan esas crónicas hispanas para quien se atreva a escribir, de la forma más objetiva, la más reciente historia de este país, que parece que de cambios y evolución, nada de nada.
Las opiniones de los columnistas son personales y no siempre coinciden con las de Maspalomas Ahora.









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