L. Santana Expósito.- Ayer hablábamos de la ética como uno de los fundamentos básicos para el desarrollo de una buena gobernabilidad, tan necesitada en San Bartolomé de Tirajana, dado el estado deplorable en que se encuentra la misma. Hoy queremos hablar de la moral ya que ambas se complementan en algo tan importante como es el buen gobierno de una nación, región, provincia o municipio, ya que el vació que padecemos al respecto es invariablemente nefasto.
La moral se define como el conjunto de normas de conducta que el ser humano percibe como obligatorias por obra de su propio raciocinio, y que libremente se impone a si mismo. Acto moral es aquel que se acomoda a estas normas libremente decididas, por lo que es susceptible de recibir la aprobación o rechazo de los demás individuos. Solo determinados actos humanos pueden ser valorados moralmente por los demás; se trata de aquellos cuya estructura contenga ciertos elementos a saber: motivación, intención, decisión y adecuación de medios para la consecución de fines buenos. La motivación –entendida como la razón por la cual se realiza un acto- es un elemento necesario, pero no suficiente, de la moralidad de un acto humano. La intención –o conocimiento y previsión del fin y de las consecuencias de un acto- es un elemento necesario para la racionalidad del mismo, como también lo es la decisión libre de conseguir una finalidad. Existe la moral de señores, que según Nietzsche es la que se basa en valores épicos y creativos que considera bueno “lo aristocrático” y malo “lo despreciable”. La moral de los señores se oponía a la “moral de los esclavos”.
La moral y la ética guardan una gran relación, y el político para ejercer bien sus funciones de gobernante deberá tener en cuenta ambas expresiones filosóficas ya que son fundamentales, especialmente los puntos referidos a la motivación y a la intención, aunque también la adecuación es bastante importante ya que ahí radica la preparación del sujeto, dado que el mismo adolece en la mayoría de los casos de la preparación más elemental. Sería interesante crear una Escuela de capacitación para los que aspiren a dedicarse a la política.
Charles Louis de Secondat barón de Montesquieu, en su obra fundamental “El espíritu de las leyes”, presenta un novedoso enfoque de las leyes, los hechos sociales y la política. Según Montesquieu, un análisis científico de las leyes mostraría estas no como fruto de la arbitrariedad de los legisladores, sino como producto de relaciones necesarias, derivadas de la naturaleza de las cosas y de las relaciones sociales. Se opusó
a la separación entre la ley natural y la ley positiva, al considerar que ambas se complementaban, siguiendo el ejemplo del filosofo ingles Locke.
Montesquieu consideró imprescindible la separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Muchas democracias optaron por así hacerlo, pero en España todavía quien tiene el poder absoluto es el gobierno, y el resto de los poderes están prácticamente supeditados a lo que dictamina este, lo que genera mucho malestar ya que eminentes juristas estiman que los españoles sufrimos el síndrome de las injusticias. Los políticos carecen de la preparación más elemental, como ya he dicho, por lo tanto y con el fin de que su ejercicio o practica en la misma sea lo más positiva posible, es necesario que adquieran al menos unos conocimientos básicos, para que sepan defender los intereses del pueblo sin sometimientos ni chantajes, que sepan asimilar en todo momento lo que es bueno y lo que no lo es, y así tengamos al menos en San Bartolomé de Tirajana un gobierno competente que este a la altura de las circunstancias que a fin de cuentas es lo que necesitamos. Los plenos que celebran las autoridades tirajaneras, tienen al menos desde mi punto de vista una constante hasta el momento invariable, y es el desconocimiento total de los procedimientos administrativos a pesar de los asesores y del personal de confianza, la luz que alumbra a estos raquíticos aficionados a la política es completamente opaca, de ahí que los mismos se conviertan en el hazmerreír de cuantos vemos estos denostados plenos llenos de despropósitos, donde de manera imperativa la alcaldesa quiere darle una cierta categoría al foro, pero no lo consigue ya que la mayoría de los miembros del grupo de gobierno están muy por debajo del nivel mínimo exigido, para ser al menos un aceptable debatiente y un prodigioso gobernante.








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